MI PRIMERA VEZ
Ya dije anteriormente que si se me pilla desprevenida, tiendo a no reaccionar, así que, en mi línea, enfilé obedientemente el camino del ascensor; entré y subí al tercer piso. Ya delante de la puerta de la habitación sentí que el corazón se me salía del pecho; tardé más de cinco minutos en reunir el valor suficiente para tocar con los nudillos. No hubiera hecho falta, la puerta estaba entreabierta aunque yo, en mi ofuscación, no lo había notado.
Empujé y entré. El cuarto estaba en penumbra, circunstancia que ayudó bastante a hacer mi entrada triunfal, consistente en darle una patada a un taburete que encontré en mi camino, ahogar como pude un grito de dolor, y mandarlo a medio metro de distancia.
Carlos estaba tumbado, desnudo sobre la cama abierta, y tuvo el detalle de no darse por enterado. Me quedé allí en medio, parada como una inútil y sin saber q hacer, hasta que me dijo con voz muy suave, acércate, ven y túmbate a mi lado. Nunca en mi vida me había acostado con un extraño, al menos con uno que no hubiera elegido yo. De pronto me invadió una extraña excitación. Tenía la piel de todo el cuerpo erizada y notaba un cálido hormigueo en la zona de las ingles a la vez que mis pezones se habían puesto duros como dos perlitas.
Según iba avanzando, ya acostumbrada a la penumbra, observé que él me esperaba muy preparado para la acción; totalmente desnudo y echado boca arriba como estaba, su miembro apuntaba hacia el techo. Por mi mente pasó como un rayo la idea de metérmelo en la boca... Pero, que era ésto??? Quería que pasara?, lo deseaba yo a él también????.
Llegué hasta la cama e hice lo que me pedía, preguntándole antes, como una idiota: Tengo que desnudarme?.
No cielo, contestó, no tengas prisa, quiero desnudarte yo. Se puso de lado, yo tumbada vestida, y quieta, sin saber qué hacer. Con su mano derecha empezó a acariciarme el escote diciéndome, cariño, tienes la piel tan suave... Sabes?, me susurraba al oído, hueles tan bien... Me tienes cachondo desde el momento que te ví, mirándote no dejaba de pensar en ser yo el primero en probarte, en comerte entera, lo tenía muy claro, pero cuando me has dicho que hace dos meses que no follas... Me he vuelto loco, no he podido aguantar más...
Diciéndo ésto, metió su mano bajo mi sujetador y me sacó un pecho, blanco, terso, con una areola de color rosa, el color exacto de mis labios. Se inclinó sobre mí y me aplicó su boca, empezó a chuparlo, a succionarlo, se lo sacaba y le daba lengua en círculos alrededor. De ahí pasó a mis labios, y me obligó a abrirlos empujándolos con su lengua, me la metió hasta el fondo moviéndola despacio, bajó a mi pezón otra vez, subía y bajaba de mi boca a mi pecho, trazando por mi cuello y mi escote un camino sinuoso hecho de Deseo.
Por fín me sacó el otro pecho. Preciosos, me dijo ya con voz ronca, son perfectos, y juntándolos con sus manos, los pezones a poca distancia uno del otro, se ensañó con ellos. Iba de uno a otro con su lengua, los metía hasta el fondo de su boca, los sacaba y mordisqueaba, estirándolos suavemente con sus dientes; yo empezaba a sentirlos muy muy sensibles.
Me cogió una mano y la llevó hasta su duro miembro. Rodeé con mis dedos su base. De acuerdo, podía ser mi primera experiencia en esto, pero sabía muy bien qué hacer con un hombre excitado. Bajé mi mano hasta sus testículos, los tenía bien rasurados; empecé a acariciar sus yemas con la punta de mis dedos. Él empezó a mover las caderas; empezaba a jadear suavemente y me susurraba pidiendo más.
Yo estaba ya muy excitada. Esto sí que era una gran sorpresa. Un hombre desconocido que iba a pagarme por algo que siempre hice gratis, y yo... Había cambiado mi apuro inicial, mi miedo, por una excitación y un morbazo que no podía controlar.
Ya lo sabía, me gemía al oído, sabía que eras toda una mujer desde que te he visto, y que tenías que ser mía porque me ibas a matar de placer...
... CONTINUARÁ??
|