
27-01-2010, 20:05
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Re: Crónicas sensitivas
IV. Besos, chicos y “somos novios” (2ª Parte)
“El final del verano, llegó y tú partirás, tatatachan, tatatachan…” En muchas de las parcelas del camping se oía esta canción a mediados de septiembre.
Muchos volveríamos algún fin de semana de otoño, si hacía bueno, pero para muchos la despedida era permanente y, por aquel entonces, dolorosa y trágica.
Mi novio y yo nos dimos los teléfonos – fijos, claro- para avisarnos cuando nuestros padres decidieran ir un fin de semana y poder volver a vernos.
Como en otra dimensión empezó el curso escolar y también entonces noté el cambio en el trato de los chicos. De repente ya no era transparente. Los chicos del curso superior me invitaban a jugar al rescate – ese juego que consistía en correr delante del que la “pochaba” para que no te pillara y esquivarle para salvar a los compañeros a los que había dado alcance – y en vez de darme un leve toque me agarraban y me iban toqueteando hasta ponerme en la fila de los “prisioneros”. Dejé de jugar con ellos, pero los manoseos no cesaban.
Una mañana me harté y le hice saber a un par de abusones que aquello no me gustaba. Me expulsaron dos días y me dijeron en una reunión con mi madre delante que de una patada tan fuerte en los testículos podía hacer algo muy grave a mis compañeros.
- “Pues que la dejen en paz, así aprenden” – contestó mi madre que de testículos tampoco andaba escasa.
Al volver, mi "hazaña" había recorrido clases y patios y yo era casi una leyenda. Todo el mundo murmuraba, los chicos me huían y las chicas más solicitadas se escudaban pegándose a mí en los pasillos. Pronto tuve dos compañeras amazonas que, si bien no llegaban a mi nivel castigador tenían buenas y rápidas manos abofeteadoras. Eramos guapas, poderosas y creíamos poder caminar sobre las aguas.
Encontré una nota en mi mochila al volver de un recreo: “Se que eres imposible, pero a mí me gustas muchísimo”
Escribí en la pizarra: “No hay nada imposible si tienes el valor de intentarlo”
Sonó la sirena, iba a levantarme y me encontré con los ojos verdes más increíbles que había visto nunca. Pertenecían a uno de mis compañeros desde hacía 5 años y era la primera vez que le oía hablar para algo que no fuera contestar las preguntas de los profesores:
- ¿Y... haría falta mucho valor para pedirte que me ayudes con el inglés después de clase?
Sonreí y quedamos para ir a su casa al día siguiente.
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