Segunda cita con Paula C, más de un año después de la primera. Media hora por 60 eu. Ahora recibe en un pequeño apartamento cerca de Alonso Martínez. Tiene una sola habitación, aunque es de buen tamaño, aparte de un baño de medianas dimensiones y un armario-cocina. La cama está sobre una elevación del suelo, alta como un par de escalones. Me hizo gracia, pues en el piso de la vez anterior (un bajo bastante destartalado) la cama era un colchón colocado sobre el techo del baño, que lo cerraba dejando espacio hasta el techo del conjunto de la estancia. Pensé, en broma, si no tendrá querencia a dormir en las nubes… y poco a poco va bajando. En cualquier caso lo de bajar no sería en sus tarifas, pues ahora son algo más elevadas que en la época de mi primera visita.
Me ofreció una bebida que fue un vaso de refresco vertido de una botella grande. No me pidió nunca el dinero. Se lo di cuando me iba. Me duché antes de empezar. Ella me esperó en la cama. El cuarto estaba razonablemente ordenado y acogedor (aunque ni un mísero espejo) pero el baño daba signos del mucho desaliño que llamaba la atención en el sitio de la vez anterior. Los botes de gel casi vacíos y cada uno por su lado. Había estropajo y jabón de fregar en el borde de la bañera. Varias escobas y fregonas, metidas en un mismo cubo, desparramaban sus palos en distintas direcciones entrando alguno en el espacio de la ducha-bañera. El conjunto no daba la sensación de un baño bien limpio y cuidado. La toalla que me dejó no creo que estuviera limpia; desde luego seca del todo no. Mal por este lado.
En una línea cercana a esto, la colcha de la cama no la quitó del todo para poner una sábana; se limitó a recogerla hacia arriba dejando al descubierto un protector de plástico que cubría el colchón. Es la primera vez que lo veo. Hablando luego con ella resultó ser que ha decidido poner eso en lugar de sábanas, y limpiarlo con algo húmedo si se mancha. No sé… a ella le puede parecer ingenioso y
práctico; a mí me dio la sensación de estar retozando sobre la cama de un enfermo que ha perdido el control de esfínteres. Dejando a un lado la comparación, es verdad que no tuve la sensación de que el protector estuviera sucio; pero el caso es que no me gustó el asunto (¿no ha oído hablar de las sábanas desechables?). Me dijo que piensa cambiarse a otro piso no lejos de éste, donde dispondría de mejores medios para lavar y secar… pero unas cosas con otras, y recordando el sitio anterior, creo que hay en ella una cierta falta de sensibilidad para estos detalles (o no tan detalles tratándose de la actividad a la que se dedica) y que quizá se le siga notando vaya donde vaya, disponga de lo que disponga. Es solo una intuición.
Todo esto contrasta bastante con el aspecto de Paula. Sigue muy bella. Quizá más. Me dijo que se arregló la nariz. No me di cuenta, pero con esto corroboro lo que se dice o barrunta en otros post sobre esta cuestión. Larga melena, lisa y muy morena. Está delgada de verdad, lo cual le da un aspecto frágil que tiene su encanto. Es extremadamente femenina y tiene una bonita figura. Eso sí: algo se le sigue notando la nuez. Los pechos estaban más o menos como los recordaba: operados, bien redondeados, duros. Por lo que sea, en esta ocasión acusé más lo poco que me gusta esta dureza de los pechos operados, que los hace tan inmanejables. También me resentí más que la vez anterior de otra cosa que no me gusta: que tenga los pezones
prácticamente planos, casi imperceptibles. Por tanto, pechos bonitos de ver, pero que no me gustan nada en las manos ni en la boca. No recuerdo que la otra vez me rebajaran tanto como ésta el balance final.
Y es que la impresión general fue así: peor que la vez anterior. Estuvo atenta, cariñosa y dulce, pero algo faltó. Se lo achaco más que nada a los besos, y a la importancia que les doy para sentir que he estado bien a gusto con una acompañante. Repasando mi post anterior veo que aprecié mucho lo bien que besaba, pero en esta ocasión no fue así. No hubo más que piquitos más o menos intensos y juegos con las lenguas por fuera de la boca. Tenía los labios muy pintados de rojo fuerte. Embellecían mucho su rostro, pero resultaron ser el rojo de dirección prohibida. Gran paradoja y no poca frustración, pues invitaban mucho más a besarla al tiempo que quizá se los pintó tanto con intención de que fueran una excusa no verbalizada para no besar en condiciones (“no, que se me corre el carmín”, pero sin necesidad de decirlo). Ni siquiera fue generosa cuando al despedirme le pedí abiertamente un beso de verdad: fue más de lo mismo. Quizá si hubiera accedido a mi petición yo mantendría más abierta la idea de volver, pensando que algo pasaría esta vez pero manteniendo, por el recuerdo de la anterior, la expectativa de estar bien a gusto con ella en este aspecto y, ya de paso, en todo. Pero con esto, y la mala sensación de sus senos, tengo en duda si repetiré, por más que no me explique bien el efecto tan fuerte que sus pechos tuvieron esta vez sobre la impresión global comparando con la anterior.
Y también, por más que no faltaron cosas apreciables que es justo decir. Destaco que accedió con gusto a que la penetrara de frente (yo lo prefiero así) y su sexo oral. Hacía vibrar con energía la lengua en torno al pene cuando lo tenía dentro de su boca. De lo más agradable que recuerdo en este aspecto… ¿Y qué más….? Pues ahora que lo pienso, quizá es que no tengo nada más que destacar. Tras el sexo oral pasamos a que ella se tumbara boca arriba. Yo ahí, notando esa distancia que marcaba la escasez de sus besos a pesar de sus cariñosas caricias y abrazos, cuando, encima, toma demasiado pronto para mí la iniciativa de que la penetre (sobre algo que se comenta aquí puedo decir que ella misma cogió un preservativo). Se puso un almohadón bajo las nalgas para facilitar las cosas. No estuvo nada mal. Fue un orgasmo largo y placentero, y me gustaron mucho las contracciones que hizo cuando me había corrido y aún estaba dentro; pero yo hubiera preferido hacer más cosas antes. Me hubiera encantado comer su bonito trasero, especular mejor con su erección, mirarla y disfrutarla con mayor detenimiento en un recorrido más prolongado hacia el final.
Nos quedaban unos minutos de la media hora, y ella no mostró prisas por que me marchara. Ahora bien, una buena parte del tiempo la dedicó a ducharse con calma, y volvió junto a mí enfundada en un albornoz y la melena envuelta en una toalla por la cabeza. Sí…. pasamos unos cuantos minutos sentada ella a mi lado de esta guisa, conversando… En fin: que me supo a poco. Todo en general. No tuve la sensación de tirar el dinero, ni mucho menos, pues el conjunto de su manera de atender no deja de ser agradable; pero salí poco convencido. La encontré más contenida y menos entregada de lo que esperaba recordando la cita anterior. Sí pienso que, en todo caso, ir con ella media hora no vale la pena. La tarifa de una hora es solo 20 eu. más (80), guardando una desproporción con la de 30 min. (60) que hace pensar si no lo hará para motivar mejor el servicio largo y que, quizá, en las citas de una hora se encuentre más a gusto y sea más entregada
Me excuso de pronunciarme sobre recomendarla o no, en atención a su delicada belleza, a sus buenas maneras y las demás virtudes que tiene, pues a más de uno pueden resultarle razón suficiente para ir a verla. Con todo lo que he dicho se pueden tener elementos para valorar si basta con eso, y aparte hay otros post que hablan de una relación mucho más calurosa e intensa. Cada uno vea por sí mismo ¿Repetir? ya digo que me he quedado con bastantes dudas sobre esto: ¿sacarme la espina? ¿probar con otra chica trans?... el caso es que voy con estas chicas solo de tarde en tarde.