Me he acostado con muchas mujeres que no son pibones, y sin embargo me encandilaban por este o aquel detalle. La belleza femenina no la considero como un conjunto simétrico, de dimensiones perfectas; muchas veces es sólo una llamarada pujante con la que deseamos quemarnos desesperada y tontamente.
Tras follar, miramos a la compañera amante, y nos preguntamos sorprendidos, ¿pero qué tenía esta mujer?
