Recuerdo una conversación con compañeras de trabajo especialmente puritanas a las que puse histéricas precisamente con esta comparación: actrices porno y prostitutas. Ellas rechazaban la prostitución con furia irracional pero no veían tan mal la pornografía. Yo no veo gran diferencia: las actrices porno follan por dinero, igual que las prostitutas.
En cuanto a los pros, contras y todo eso...
A las actrices porno las graban con cámaras, sus películas tienen amplia difusión y las consume un gran porcentaje de la población (al menos, masculina). No tienen intimidad ni privacidad. Se exponen a que las reconozcan en cualquier situación de su vida cotidiana. Para bien o para mal.
Las actrices porno seguramente tienen que repetir una y mil veces la misma escena de penetración, de felación o de la
práctica sexual que sea, con el mismo o con los mismos actores, hasta que se hayan rodado el suficiente número de tomas como para que quede al gusto del director. Tiene que ser algo exasperante y que te hace aborrecer el sexo para siempre jamás si te dedicas a ello durante el tiempo suficiente.
Las prostitutas pueden conservar su intimidad si ellas lo desean. Muchas gestionan su tiempo de trabajo y se toman descansos entre cliente y cliente y tienen la variedad suficiente de servicios como para encontrarse siempre con personas interesantes o incluso llegar a disfrutar de algunos momentos de la
práctica sexual.
La prostitución es más humana, más cercana, y a la vez más animal. Existe una relación personal, íntima y natural. La pornografía es fría, repetitiva, alienante, mecánica y aburrida.
Sin embargo, en nuestra sociedad actual, la pornografía se admite sin problemas y ser actor porno puede llegar a estar incluso bien visto. La prostitución sigue siendo tabú, por decir algo suave.
Todavía somos muy primitivos en cuestiones de sexo.