Estoy bastante deacuerdo con Pistro. Aunque matizaría que hay personas a las que un club les acojona. Hay quien no es capaz de entrarle a una tía ni en un club y si una se les acerca se deshacen como un flan. Estos acaban entrando en el club pero pierden todo el valor ante el poder hormonal de las pivas. A veces un piso es como una encerrona. Una vez llamas a la puerta ya no hay vuelta atras, al menos para un novato.
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