Iniciado por barrafa
(Mensaje 1250004)
Estuve con María hace algunas semanas. Contacté por teléfono al número indicado. Su trato al teléfono fue muy simpático, agradable y correcto. Se interesó desde un primer momento por mis gustos y deseos, me informó de las tarifas, concertamos la hora y me indicó de forma muy amable y educada el número y piso de la calle (Alberto Aguilera en el elegante barrio de Chamberí).
Lo primero que veo al abrirse la puerta es una chica impresionante. Bastante alta, quizás 1,70 m. (yo mido 1,82 m.) Con un tipo precioso, me recibió con un vestido muy sugerente, sencillo y elegante en el que se entreveía una figura atlética, muy femenina, sin un gramo de grasa, dura según aprecié más tarde en nuestros intensos abrazos, erguida y proporcionada, con unas piernas sencillamente perfectas y estilizadas, y pechos muy sugerentes, de proporción y tamaño, la verdad sea dicha. De cara es muy guapa, realmente muy guapa y atractiva, con ojos oscuros, brillantes y penetrantes, con una piel color avellana extraordinariamente suave, como de melocotón, unos labios preciosos y un pelo oscuro muy liso, oliendo de maravilla, que a veces se lo recogía por el calor (¿del verano o de la situación?) Y a veces se lo dejaba suelto. No pude reprimirme nada más verla y darle un beso en sus suaves labios que no rechazó en absoluto, acariciando mi nuca como si fuera mi novia. En resumen, una mujer “que te rompe de verdad” nada más verla.
Una vez dentro, el piso me pareció muy agradable y bonito. amplio, recién pintado, con techos altos y molduras, amueblado funcional pero elegante, con un precioso parquet que parecía recién barnizado, tanto en el pasillo como en las habitaciones, grandes y todas con cómodos sillones y sus respetivos “foutones” con sábanas desechables. Aunque parezca increíble y pese a que llegué casi dos horas tarde, con el traje puesto (con los rigores del calor del verano) por problemas de trabajo de última hora, su recibimiento fue muy agradable y alegre. Se notaba que estaba ciertamente preocupada por el retraso y al verme visiblemente alterado y nervioso me preguntó si había tenido algún problema personal o profesional mientras mirándome fijamente a los ojos con una sonrisa dulce y encantadora, me invitó a sentarme en un sillón para inmediatamente ofrecerme una botella de agua helada en un vaso con hielo acariciándome agachada suavemente la cara mientras me daba ligeros pero excitantes besos. La música sonaba suave y relajante que invitaba a evadirte y disfrutar de un buen rato que hasta el momento se presentaba muy excitante.
Recordándome con una sonrisa encantadora mis gustos y deseos que habíamos estado comentando por teléfono y analizando mi estado, me sugiere un servicio completo que no dudé ni por un instante dado el estado de cariño, tranquilidad y seguridad que me había transmitido hasta el momento. Inmediatamente y en sólo unos segundos me proporciona delicadamente una toalla recién lavada muy suave y unas zapatillas desechables que sinceramente no utilicé dado el estado tan extraordinariamente limpio del piso y me ofrece un perchero para dejar la ropa y demás efectos personales. En ese momento me sentí realmente muy a gusto, como en un sueño del que nunca me apeteciera despertar. Acto seguido me dice que la acompañe (siempre con esa sonrisa dulce en los labios) al cuarto de baño para invitarme, no obligarme, a tomar una ducha en una cabina limpísima con los típicos chorros. Mientras dejaba caer mi toalla, visiblemente excitado, algo de lo que ella se percató de inmediato, preparó la presión y temperatura del agua desnudándose acto seguido por completo, volviéndose hacia mí sonriente al ver mi cara de asombro por la perfección de su cuerpo y percatarse de mi grado ya muy evidente de excitación, cogiendo suavemente mi mano invitándome a entrar con ella en la cabina de la ducha. Una vez dentro fueron indescriptibles los besos, abrazos y caricias mutuos por todas las partes de nuestros cuerpos bien enjabonados, hasta que en un momento me confesó visiblemente acalorada y con voz muy sensual que estaba muy excitada y con enormes ganas de que exploráramos nuestros cuerpos mutuamente en el "fouton" y hacer el amor.
Inició un muy buen masaje, tanto de calidad como terapéutico, estando todo el tiempo desnuda con una enorme carga de sensualidad, por cómo se coloca (procurando el contacto de su cuerpo, incluso cuando trabaja solo con las manos usando el aceite), por sus tocamientos, por emplear diversas partes del cuerpo para masajear y por sus jadeos suaves e intensos que te hace imaginar que es tanto de esfuerzo físico como de excitación. Aunque todo resultaba ya muy erótico, cuando acabó de trabajar todo el cuerpo entró en una fase decididamente sexual, pasando por caricias y recorridos muy excitantes, unas veces con las yemas de los dedos, otras con las dos manos y otras con sus suaves labios y boca. Me llevó sabiamente con sus posturas e invitaciones a acariciarla en lo más íntimo de su precioso cuerpo, hasta los límites del orgasmo hasta que mutuamente y a la vez, lo tuvimos en un maravilloso 69. Aunque la avisé cariñosamente de que no soy hombre de “varios disparos”, y una vez relajada tumbada y abrazada a mi cuerpo, dejando pasar esa exquisita sensibilidad que confesaba tenía en su clítoris después de un intenso orgasmo, volvió a excitarme de mil maneras, como si fuera realmente mi novia, hasta que obtuvo con varios espasmos seguidos que observé perfectamente en su cara y piernas, su segundo orgasmo después de que acariciara con mis dedos, boca y lengua su ya muy dilatado (según me confesó) clítoris e hiciéramos el amor de forma pausada y mirándonos fijamente a los ojos.
Después siguió encima de mí, en la misma postura, para quedarse un rato tumbada a mi lado, sin dejar de acariciar y jugar cariñosa y suavemente con mi miembro, hablando de nuestras cosas. Pasaron muchos minutos, probablemente más de 10, sin que ella dijera nada, nos quedamos mirándonos a los ojos, abrazados, sintiendo el contacto de su cuerpo y su calor. Nunca había vivido una experiencia así en un masaje. Me preguntó si me había quedado relajado, si estaba a gusto, me limpió con toallitas y estuvo otros 5 minutos acariciándome, !indescriptible!, hasta que me invitó a volver a ducharme sin prisas, algo absolutamente necesario dado el baño en aceite. Me acompañó de la mano al cuarto de baño y estuvimos charlando de su trabajo y de las vacaciones mientras nos duchábamos y enjabonábamos. Mientras me vestía ella fue a cambiarse apareciendo ante mí con otro bonito y sencillo vestido que volvía a resaltar tanto su preciosa figura y su dulce carita, como el tono de su piel.
He de decir que en ningún momento miró el reloj, que estuvimos juntos algo más de una hora y que no me pidió el dinero, sino que, dado mi estado de absoluta relajación y euforia por el rato tan excitante que había pasado, me recordó muy dulcemente que tenía que “cerrar la caja del día”, por lo que inmediatamente me disculpé por mi olvido y la aboné el servicio. Incluso la despedida fue muy efusiva y dulce como si verdaderamente se tratara de mi novia.
En resumen y calificando el servicio:
- Calificación Global: Sobresaliente alto (9,5)
- Instalaciones: Sobresaliente ALTO (9,5)
- Higiene: Sobresaliente (9)
- Físico: Matrícula de honor (10 para mí)
- Aspecto/Belleza: Matrícula de honor (10 para mí)
- Atención General: Sobresaliente ALTO (9,5)
- Masaje: Notable (8)
- Parte erótica: Matrícula de honor (10)
- Atención telefónica/Puntualidad: Notable alto (8,5). Suspenso por mi parte en puntualidad
- Relación Calidad/Precio: Extraordinaria
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