Enamorarse de una puta es absolutamente posible.
Enamorarse de una profesional del sexo es absolutamente posible porque se produce un momento íntimo de máximo acercamiento, donde muchas sensaciones e, incluso, sentimientos salen a flote. Por eso es mucho más fácil enamorarse de una puta que de una camarera, de una taxista o de una cajera del banco, que se limita a darte lo que pides sin mirarte siquiera a la cara. Yo he estado con muchas putas y unas cuantas han despertado en mí emociones sentimientales. Estoy convencido de que si con alguna hubiera sido posible ir a tomar un café, el flechazo hubiera sido total. De algunas me he despedido con besos en la frente deseándoles toda la suerte del mundo y, cuando la puerta se ha cerrado tras de mí, he pensado con inmensa nostalgia que lo más normal es que ya nunca la volvería a ver. ¿Y cómo son? Hay de todo, pero es cierto que el oficio de puta es algo a lo que se suele acceder por una derrota vital y que endurece con el tiempo. Por eso, las prostitutas suelen tener el especial encanto de tiene toda mujer que descubres sensible y vulnerable tras un halo de crudeza y misterio. Y esa mujer, sin duda, enamora.
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