Follar en el agua sólo se me ocurrió hacerlo una vez. En la playa de Salinas, en Ibiza, y a plena luz del día. Iba bien cachondo, y mi chica no paraba de mirarme el rabo tieso. Por si alguien no lo sabe, aquel paraje es naturista, y el nudismo está permitido. Paseábamos los dos cogidos de la mano: ella en top-less, y yo, en bola. Nada, que no había forma de contener aquel impertinente compañero cañero. Nos tuvimos que meter en el agua, pues la gente se nos quedaba mirando al pasar. Y allí, entre olita y espumita, follamos. Nada, muy mal: incómodo y con postura forzada. Yo, me desahogué, desde luego; ahora, mi compañera, me parece que se quedó con la calentura. Recuerdo unas algas entrometidas anidándose en mi tobillo derecho cuando penetraba a la chica.