Hasta hoy no me he encontrado esas chicas maravillosas que aparecen en muchas películas, fundamentalmente americanas, no estoy hablando de grandes bellezas físicas, sino chicas con un buen interior, buenas personas, que quieran a su pareja, humildes, sin ínfulas de grandeza, sin esa vanidad enfermiza que caracteriza a la inmensa mayoría de la españolas.
Más bien lo que me encontrado todo lo contrario. (...)
Las personas nos movemos por intereses, incluso las que no quieren admitirlo. Cuando una chica establece una relación afectiva o sexual con un chico siempre busca algo concreto y predeterminado.
Ésa es la realidad. La verdad fundamental. El secreto de la vida. La [Sólo los usuarios registrados pueden ver los enlaces e imágenes. ] del puto Matrix.
No hay flechazos, ni amor a primera vista ni casualidades en la vida. Lo que atrae a una mujer de un hombre y los motivos por los que aquélla se relaciona con éste de manera esporádica o continuada están prefijados y fluctúan en torno a las siguientes características masculinas:
Nivel físico.
Nivel intelectual.
Nivel económico.
Nivel social.
Si quieres resultarle atractivo a una chica y a su entorno (familia, amistades, etc.) tienes que tener un nivel claramente superior a ella en al menos tres de las características mencionadas. En caso contrario, te verán como un a pobre desgraciado indigno de besar el suelo que ella pisa.
El problema es que esta exigencia no es simétrica. Los hombres nos conformamos con que las mujeres sean más jóvenes que nosotros (con carácter general) y relativamente agradables.
La llegada del feminismo, que tantas cosas positivas ha traído a nuestra sociedad, no ha hecho más que agravar el problema: la mujer hoy en día está liberada de corsés, de roles, de prejuicios o estereotipos sobre su imagen. Puede ser madre, profesional, independiente, familiar, promiscua, cariñosa... tiene mucha flexibilidad a la hora de adoptar una decisión vital que resulte aceptable socialmente.
Al hombre, sin embargo, se le sigue exigiendo que se comporte como un tipo "de los de antes", que sea fiable, productivo, serio y centrado, es decir, viril. Pero, además, esta nueva moda de la ideología de género, también le exige por contra que sea femenino, sensible, sociable, paternal, tierno...
Es una combinación de exigencias histérica de puro contradictorias que cualquier persona que haya iniciado una relación de pareja en las últimas dos décadas seguro ha sufrido. Los hombres, para nuestras parejas, tenemos que ser amantes, confidentes, padres, hermanos, compañeros, maridos, sostén, almohada, etc... Y por contra no podemos mostrar jamás un atisbo de debilidad en nuestro carácter o trayectoria vital. Eso no nos lo perdonan.
Ante tamaña desproporción entre las exigencias de las mujeres actuales para establecer una relación de pareja he optado por renunciar a las relaciones sentimentales: simplemente no vale la pena el esfuerzo emocional. Ni soy Superman, ni veo la recompensa que equilibre la balanza. Y eso por no hablar de los costes económicos o de pérdida de tiempo irrecuperable.
Se trata de una mera cuenta de resultados: si no voy a ganar al menos lo mismo que pierdo, o que invierto, cierro el chiringuito y me dedico a retozar con las profesionales que me resultan mucho más rentables.
Desde el punto de vista económico, emocional e incluso en utilización eficiente del tiempo.