Re: Juguemos a las palabras encadenadas
Echándome unas risas en la escalera,
solo, como un inconsciente,
me ha pillado mi casera
(es que vive, justo, enfrente)
Me ha mirado con reparo,
con miedo, con prevención.
¡Dios, qué inquilino tan raro!
Pensará, no sin razón.
Esto de ser inquilino
es un grave inconveniente,
cuando el casero es vecino
y el inquilino, un demente.
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