Follar, lo que se dice follar, a todas después de haber pagado el servicio. Pero hubo una excepción. En mis andanzas juveniles por la calle La Montera me subí con un travesti, pensando que era mujer. Nos desnudamos, eso sí, él se quedó con las braguitas, y tras magreo y mamada de su parte, comencé a penetrarle por detrás sin que me hubiese percatado de pene alguno. Andaba ya algo mosqueado, hasta que con sus "ay, ay" demasiado graves me encontré la sospecha fundada.
Le pregunté y me reconoció su condición. Aquello me echó para atrás, y no terminé lo que había empezado.
No pude, y me excuse con él.
Era un chaval y todavía con muchos prejuicios sexuales.
Hoy habría acabado lo empezado.
|