Hay cosas hermosas.
Sin duda, estando en estas páginas, vosotros sabéis a qué me refiero.
También acariciar una piel desnuda y entregada, seguir con los dedos las curvas, los valles y las montañas, entrar dulcemente en las selvas y explorarlas cual un novel e inexperto descubridor de territorios vírgenes, saciar la sed en los labios de una mujer y libar en cada uno de sus poros, degustando la sal del deseo...
Encontrar ese paisaje, ese amanecer solitario e impoluto, con el sol despuntando entre nubes gloriosamente rojas, como sangre; contemplar los tonos grises cambiantes, cada vez mas claros, cada vez mas albos, finalmente blancos; el dorado refulgente del incipiente sol, imaginar un nuevo día pleno, ilusionante, ilusionado...
En ese fondo marino, libre del aire y levemente ingrávido, sentir la bombona a la espalda, ver la burbuja subir liberada en la respiración buscado el aire, su aire, el que le hemos robado; el azul tornándose verde, los amarillos refulgentes, esos falso marrones que se pierden entre movimientos de odaliscas imposibles (imaginarias ondinas, guardianas del oro, provocadoras de Alberic hasta hacerle renunciar al amor, origen de la perdición de los dioses del Walhalla); con la luz rompedora, plateada y centelleante,tamizada entre capas agua y sal. El fugaz paso de un pez espantado, la lentitud y la parsimonia en el otro, la amenazadora presencia de la morena, agazapada, silente… a la espera.
La luz de la montaña, despejado el cielo y ese aire que quema en los pulmones, que raspa al entrar y que vivifica y embriaga. La nieve y su transformación veraniega en gota, lenta, exquisita, vital, bella en su brillo de diamante fugaz, breve, al fin vencido por la gravedad. El espejo del ibón, espejando montañas, repitiendo invertido el paisaje en su agua tersa y helada; el pasto verde, jugoso, casi perverso en su esplendor, junto a la desnuda piedra, la de la forma sugerente y fantástica, que puede ser ratón o elefante, la faz horripilante de una bruja o un falo enorme, duro, irreverente e irrepetible en su rotunda eternidad. La nube mensajera, cartas van, cartas viene y en el cielo se detiene,… “si en tu viaje la ves, dile que aun la quiero, que me duele su distancia, que extraño la luz de sus ojos, la caricia de su mano y la dulzura de sus pezones…”
… Y los post de Gala. Gracias, muchas, muchas gracias, Gala.
Sin duda, estando en estas páginas, vosotros sabéis a qué me refiero.
Última edición por Leganitos; 13-08-2010 a las 18:01
Razón: ortografía
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