Desastre
Escribo desde el teléfono, por lo que no me puedo extender.
Tras desechar la primera opción, porque no está disponible, voy a este piso. Me presentan a dos chicas, no había más, a cual peor físicamente. Ninguna de las dos reunía los requisitos que se le supone al precio de 120 euros/hora. La encargada insiste en que una de las dos, Perla, es muy buena. A partir de aquí, todo es culpa mía, porque soy gilipollas. Un desastre: esto no, así no, eso tampoco, etc.
Yo soy gilipollas, ya está dicho, pero ese piso se está labrando su propia tumba con su falta de seriedad, ofreciendo gato a precio de liebre.
Cruz y raya.
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