Contacté con ella y sinceramente, la impresión que me dio no fue buena. Me pareció bastante distante, con una actitud que rozaba lo borde. Más allá de los límites o servicios que cada persona decida ofrecer, la sensación fue que todo eran condiciones: no besa, no realiza determinadas
prácticas, tienes que poner el lugar y además asumir el coste del desplazamiento...
Tengo la sensación de que algunas escorts olvidan que al otro lado también hay una persona. Muchos clientes no buscan únicamente sexo, también valoran el trato, la educación, una conversación agradable, un poco de complicidad o sentirse cómodos durante el encuentro. Al final, una buena experiencia no depende solo de lo que ocurra en la habitación, sino también de cómo te hacen sentir como persona.