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Nombre de guerra: Sofía
Nacionalidad: Paraguaya
Forma de Contacto: Whatsapp 613806270
Hilo profesionales: No tenía
Web profesional: vi este anuncio [Sólo los usuarios registrados pueden ver los enlaces e imágenes. ]
Fecha aproximada: Hace poco
Lugar: Actur (Zaragoza), cerca del centro comercial Gran Casa
Instalaciones: Piso moderno, bien montado, zona buena
Higiene: Impecable, tanto el piso como ella
Precio:
Edad: unos 30 años
Cara: Bonita, sonrisa fácil, mirada pícara
Pelo: Moreno, largo, liso
Cuerpo: Bajita, 1.60 aprox, natural, con curvas donde tienen que estar
Pecho: Buenas tetas naturales, lo mejor: pezones grandes y reactivos que se ponen duros al instante
Culo: Buen culo, redondo, proporcionado a su altura
Piercings y tattos: No vi nada llamativo
Defectos corporales: Ninguno que destacar, está bien puesta
Actitud: Muy activa, guarrona, profesional pero cercana
Conversación: Normal, sin incidencias, lo justo para entrar en confianza
Besos: Sí da, pero no fue lo principal
Fuma: No me consta
Francés: De 10, con final incluido sin perder gota
Forniqueo: Muy bueno, ella lleva el ritmo, le gusta que le den caña
Griego: No hace
Lo mejor: La mamada con final y que se bebe hasta la última gota. Los pezones, por dios, esos pezones.
Lo peor: La ubicación es buena pero hay que saber llegar si no conoces el Actur
¿Repetir? Sin duda, ya tengo ganas de repetir aunque no voy mucho por Zaragoza
¿Recomendable? Totalmente, sobre todo si buscas una mujer activa y que disfrute
Valoración global de la experiencia: 9/10
Relato:
Quedé con Sofía por la tarde. Contacté por la mañana por Whatsapp y todo fue rápido, me pasó la dirección sin problema. El piso está en una zona buena del Actur, cerca del Gran Casa, pero si no eres de la zona, como yo, igual te cuesta un poco orientarte. Es un edificio moderno, con portero automático. Subí y me abrió ella.
El piso está muy bien, se nota que lo tiene montado para esto pero con gusto: limpio, ordenado, cama grande, sábanas limpias, una mesita con agua y toallas. Me gustó el ambiente, sin malos olores ni nada raro. Ella llevaba un conjunto de ropa interior negro, sencillo pero que ya dejaba ver lo que había.
Sofía es paraguaya, tendrá unos 30 años. Es más bien bajita, morena de pelo largo y liso, con una cara agradable, de esas que te sonríen y te hacen sentir cómodo rápido. Hablamos un poco, me preguntó de dónde era, cómo había llegado hasta ella, cosas así. Me ofreció una ducha si quería, pero yo ya venía limpio de casa. Le dije que prefería ir al grano y ella sonrió y dijo "pues venga, vamos a disfrutar".
Se acercó y empezamos a besarnos. No fue un beso empalagoso, pero sí caliente, con lengua y con ganas. Mientras nos besábamos le fui quitando el sujetador y entonces descubrí lo mejor de la tarde. Esos pezones, tío. Grandes, morenos, y en cuanto los toqué con los dedos se pusieron duros como si tuvieran vida propia. Me agaché a chuparlos y ella gemía, los tenía súper sensibles y reactivos, se notaba que le encantaba. Estuve un rato ahí, alternando entre un pecho y otro, y ella se movía, empujando suavemente mi cabeza para que no parara.
Después de un rato de juegos, ella se arrodilló. Me empezó a chupar despacio al principio, mirándome, y luego cogió ritmo. Me dijo que había algunos tíos a los que por cómo llegaban tenía que ponerles condón para la mamada, pero que yo le había caído bien y se notaba que iba limpio, así que me iba a dar un trato especial. Y vaya si lo hizo.
La mamada fue de esas que te hacen olvidar tu nombre. Profunda, con ganas, con la mano en los huevos apretando en el momento justo, sin prisas. Yo estaba ya al borde y se lo dije. Ella aceleró, me miró fijamente y cuando empecé a correrme no apartó la cabeza. Todo dentro, y siguió chupando suavecito hasta la última gota, lamiendo como si estuviera disfrutando de un helado. Una verdadera guarrona.
Después de un descansito nos fuimos a la cama, me la volvió a mamar y consiguió su objetivo. Así que me enfundó y se puso encima y empezó a cabalgar. Se movía con una soltura, marcando el ritmo, inclinándose para que le chupara las tetas y esos pezones que ya estaban otra vez durísimos. Luego le di la vuelta. En misionero, con sus piernas en alto, empujaba las caderas hacia arriba buscando más. Y cuando la puse a cuatro patas, vaya culo, apretaba y gemía pidiendo más caña. Terminamos con ella de lado, yo detrás, agarrándole una pierna, dándole fuerte mientras ella gemía y apretaba.
Terminamos los dos, nos quedamos un rato tumbados hablando de cosas sin importancia, de la vida en Zaragoza, me dijo que llevaba poco por ahí, de lo frío que había sido el invierno. Me ofreció agua, me di una ducha rápida y me fui tan contento. Sin prisas, sin mirar el reloj, con la sensación de haber estado con una tía que sabe lo que hace y encima le gusta. No voy mucho por ahí, pero no me importaría repetir
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