¿Otra forma de contacto?
Estuve por primera vez con Macarena hace poco y os compartí la experiencia. Ahora no consigo localizarla. Aparte del móvil de hilo ¿Tenéis algún otro mecanismo de contacto?
Por otro lado, por lo que he leído por aquí parece una chica con la que es fácil convertir los deseos en realidad, creando momentos muy especiales y morbosos. Me apetece volver a estar con ella y proponerle alguna salida a club de intercambio o similar ¿Alguien ha tenido alguna experiencia de este tipo con ella? Por favor, si alguno de vosotros tiene alguna otra forma de contacto o puede aportar algo sobre cuándo vuelve a estar activa, se agradecería un mensaje privado o alguna pista. |
Pues ayer yo la escribí y acaba de llegar a Madrid. Contacté con ella al número de teléfono 667396164.
Suerte!!! |
667396164 - También por Telegram
He visto que en ese número también tiene Telegram y creo que contesta indistintamente.
Se puede tirar de Whatsapp o Telegram. Sabiendo que ya está de vuelta voy a ver si la pillo y le propongo una salida a algún club de inteercambio o similar. Si lo consigo os cuento. |
Salida a club
Autorespondiendome a mí mismo, os esbozo lo que fue una salida a un club de intercambio en Madrid con Macarena.
Os lo cuento resumido destacando lo que me llamó la antención... el resto, como en veces anteriores. Quedé con ella por 300/4 horas y me puse en sus manos porque no tenía experiencia en el tema. Me dejé llevar. Quedamos cerca de la dirección del club donde me llevó. Charlamos un momento (ya me había contado muchas cosas por whatsapp) y nos metimos para adentro. La entrada la pagué yo. Nos dieron llave de una taquilla y pasamos a un vestuario "comunitario". Mientras empezamos a desnudarnos y darnos una ducha, llegó otra pareja y ella empezó a tontear con ellos... sobre todo con ella. Dijo que no teníamos jabón (mentira) y le pidió un poco a ella... con la tontería empezó a acariciarle la espalda y a hacerse algún arrumaco. La cosa no pasó a mayores, pero a mí me permitió empezar a ver por dónde iban a ir los tiros... Esta chica controla este tipo de entornos. Se le nota la experiencia y además tiene gracia y empatía para saber a quién involucrar y hasta qué punto. Es positiva, transmite calma, apertura y buen humor, lo que genera confianza. Tanto para mí como para los terceros con los que interactuaba. Se involucra a tope, pero siempre controla lo que hace y cómo lo organiza. A mí me encantaron sus juegos... Resumiedo, de la pareja que vimos en el vestuario, la chica me estuvo comiendo un buen rato y después me follé a una señora mayor que bailoteaba sola. Y para terminar, después de pasar un buen rato interactuando con otros, nos metimos los dos en un reservado y me volvió a dar caña ella. Esta vez follándome ella a mí y corriendose a chorro. Para ser mi primera experiencia de este tipo, fue alucinante. Después de esto me apetecería probar algún trío con otro chico u otra chica y ella, en algún sitio tranquilo y centrados, sin distracciones externas jejeje. Le preguntaré a ella a ver si conoce a alguien para ello. Iré preparando la hucha. |
Por curiosidad como se llamaba el club de intercambio?
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La Manzana Roja
Cita:
Me contó que allí había organizado alguna fiesta fetichista (deben tener algún grupo en Telegram con gente que frecuenta el sitio) con lo que cada uno le pedía... chicas, chicos, trans... Parecía que controlaba el sitio y el tema para darle alegría al cuerpo (como en la canción :Banane59:) |
Una salida no planificada!
Hay encuentros que no se buscan y, precisamente por eso, salen redondos.
El pasado finde, sin nada preprado, recibí un mensaje de Macarena (le di permiso hace tiempo para escribirme cuando quiera al teléfono B). >Era una propuesta escueta pero clara: “¿Te apetece salir esta noche?” No hizo falta concretar mucho más. Le dije que había leído una expe de un club y quería probar algo similar. Quedamos en una cafetería cercana al club (el Divernis en el centro de Madrid). Yo había estado ahí alguna vez y lo conocía. Cuando llegó no iba exagerada ni provocadora en exceso, pero había algo en su forma de moverse, en cómo observaba el entorno, que ya marcaba territorio. Vestido oscuro, silueta bien definida, pelo recogido... elegante y discreta, que contrasta peligrosamente con lo que uno imagina después. Nos saludamos con dos besos tranquilos, como si fuéramos simples conocidos. Pedimos algo de beber y nos acomodamos en una zona discreta. Hablamos de todo y de nada. Lo justo. En estas citas, las palabras sobran pronto y el lenguaje cambia. Miradas que se sostienen más de la cuenta. Manos que se apoyan “sin querer”. Silencios que pesan más que cualquier conversación. Al ratito pasamos al club. Habíamos quedado 4 horas (x300). El sitio estaba animado, pero no saturado. De entrada nos refugiamos en un rincón de la piscina. Sin pensar mucho yo fuí tocándola, acariciándola... mientras ella se dejaba hacer y pícaramente iba provocando a los que había alrededor (casi todo chicos). Quien haya estado en un club así sabe que muchas veces lo más potente no es lo que ocurre, sino cómo ocurre: la expectativa, el juego, la sensación de estar compartiendo algo que no se da todos los días. No sé cuanto tiempo pasó, pero cuando nos fuimos a uno de los reservados, hubo un momento especialmente intenso. Nos siguieron varios chicos y se quedadon fuera, al otro lado de una especie de reja que deja ver, pero no participar. Le pedí que se masturbase para ellos. Se sentó en el colchón, con las piernas bien abiertas y empezó a tocarse. El otro lado estaba oscuro, pero se intuían sombras muy excitadas. Alguno metió su pene a través de la reja y ella lo acarició de refilón con sus pies. Con la excitación, me agaché a su lado y se la metí en la boca. Ella tenía una manera muy suya de provocar sin prisas, de disfrutar del efecto que causaba. Yo, encantado de dejarme llevar. Después de ese rato y sin entrar en muchos detalles, continuados en el reservado por un rato. Dejándome hacer... siendo comido, follado... una auténtica gozada. Cuando decidimos irnos, me ofrecí a llevarla a su zona en mi coche. Fuimos comentando la jugada, riéndonos de alguna situación absurda, intercambiando promesas que no necesitan fecha, mientras su mano no paraba de juguetear sobre mi pantalón. Nos despedimos sin dramatismos, con un beso apasionado y un “esto no queda aquí”. No nos vemos mucho, es cierto. Pero cada vez que coincidimos pasa algo distinto, algo que se sale del guion. Y, al final, es eso lo que hace que merezca la pena volver a escribir una experiencia más. |
Encuentro cachondo, pero no como había imaginado.
Habitualmente solo escribo si encuentro algo nuevo que destacar o si tengo algún encuentro que se sale de lo habitual.... Y esto último solo me pasa con esta chica.
Me comentó que pasaba por Madrid (hace poquito) y quedé con ella esa tarde porque necesitaba desahogarme. No podía llevarla a mi casa y le propuse tomar algo e improvisar alguna cosa sobre la marcha. Quedamos en 1h x 120. La recogí. Apenas se subió al coche, aquello se calentó. Llevaba vestido gris, de una tela que no tapaba demasiado, con el pelo rubio recogido en un moño desordenado. Decidimos ir a un centro comercial cercano para tomar algo mientras buscábamos un sitio donde ir para “lo importante”. Fue corto, pero durante el trayecto no paró de tocarme la pierna, rozarme la entrepierna y susurrarme lo cachonda que estaba. Tal fue la cosa que cuando aparcamos en un rincón del parking, yo ya estaba demasiado caliente como para esperar. Nada más bajar dejé abierta la puerta delantera para tapar un poco, la puse contra la pared que teníamos al lado, me puse un preser... :smiley_evil: le subí el vestido, aparté el tanga y para adentro. Me encantó la vista del culo redondo, completamente expuesto. Ella estaba empapada. Empezó a follarme moviendo el culo hacia atrás con ganas, rebotando contra mí mientras yo la agarraba fuerte de las caderas. Le di varios cachetes que resonaron en el parking. Me apretaba la polla con cada embestida y la veía chorrear su squirting … qué momento! De repente vino el cortarrollos de turno … Apareció un coche para aparcar cerca. Rápidamente me salí de ella, me abroché los pantalones, bajé su vestido como pude y nos fuimos andando y disimulando. Le dije, ante el calentón, de continuar el juego... Encontramos un rellano oscuro y tranquilo en las escaleras de acceso. Allí, sin mediar palabra, ella se puso a cuatro patas en el suelo. Me miró con ojos hambrientos, abrió la boca y se metió mi polla hasta el fondo. Empezó a chupármela con ansia, moviendo la cabeza con ritmo mientras, la saliva le chorreaba por la barbilla y caía al suelo. Me la sacaba hasta la punta, me miraba a los ojos y volvía a tragársela entera, succionando fuerte y usando la lengua en la parte de abajo. Cada vez que se separaba, un grueso hilo de saliva quedaba entre sus labios y mi glande. Le sujeté la cabeza y empecé a follarle la boca. Ella gemía alrededor de mi polla, sin apartarse, babeando sin control y tragando hasta el fondo de si garganta. No aguantaba más. La levanté, me tumbé en el suelo, que estaba fresquito, y la senté encima de mí. Me puso otro preser, se apartó de nuevo el hilo del tanga, se colocó a horcajadas y bajó lentamente, clavándose mi polla hasta el fondo. Empezó a cabalgarme con fuerza, apoyando las manos en mi pecho mientras movía las caderas adelante y atrás y saltaba encima de mí. La notaba empapadísima y hacía ruidos obscenos con cada bajada. La agarré del culo y la ayudé a follarme más duro. Sus tetas rebotaban bajo la ropa y su moño rubio se deshacía por completo. Cuando sentí que ya no podía más, la sujeté fuerte de las caderas y me corrí, llenándola mientras gemía. Apenas me recuperé, ella se levantó, se puso en cuclillas a mi lado, abrió las piernas y empezó a masturbarse frenéticamente. Dos dedos moviéndose rápido sobre su clítoris hinchado. No tardó ni un minuto: echó la cabeza hacia atrás, soltó un gemido ahogado y explotó en un squirt muy potente. Chorros calientes que dejaron su rastro en un charco brillante en el suelo. Nos calmamos un poco mientras nos arreglamos la ropa y bajamos de nuevo al parking donde dejamos el coche. Fuimos a tomar algo a una cafetería fuera del centro comercial por no dar canteo. Nos sentamos en una mesa apartada, todavía con la adrenalina y el deseo en el cuerpo. Estuvimos comentando entre risas lo que acababa de pasar, riéndonos del casi nos pillan y de lo cachondos que nos habíamos puesto. La acompañé de vuelta al punto donde la había recogido. Besote goloso (como dice ella) y hasta la próxima.... Pensando en volver a vivir otro momento de estos cuando se pueda... |
Una duda.
Es la misma de este anuncio o no tiene nada que ver? [Only registered and activated users can see links. Click Here To Register...] |
Cita:
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Siempre algo diferente para dejarte enganchado
Volví a verla hace unas dos o tres semanas. Me dijo que venía y aproveché la oportunidad. Tenía la casa solo para mí y la invité a venirse a dormir (la noche x 400, unas ocho horas aprox).
Desde que llegó supe que lo iba a pasar bien. Tenía todo el tiempo para mí. Estuvimos jugando unas tres horas y pico, descansamos un par de ellas y amanecimos de madrugada con otra buena ración de sexo. La noche fue muy bien, y no voy a contar todo por no repetirme, pero os dejo un trocito de lo que pasó que a mí me encantó. Hacía tiempo que vi un video suyo masturbándose con un helado y quería vivir la experiencia en primera persona. En un momento dado saqué un helado Magnum y se lo di para que se masturbara para mí. ¡Y sorpresa! Para masturbase con el helado, yo no lo sabía, hay que quitarle primero la capa dura de chocolate. Se arrodilló frente a mí con las piernas bien abiertas, ofreciéndome una vista espectacular, y empezó a pasar lentamente el helado por mi polla dura. Primero lo mordisqueó con sus dientes, dejando que trozos de chocolate y parte del helado cayeran sobre mi glande. El contraste del frío con el calor de su boca me hizo gruñir de placer. Con cara viciosa, empezó a untar el helado derretido a lo largo de toda mi verga, extendiendo la crema espesa por el tronco y el glande. Luego se inclinó y comenzó a chupar con avidez. Lamía, succionaba y tragaba, dejando hilos de saliva y chocolate mezclados cayendo por mi miembro. Cada vez que sacaba la polla de su boca, volvía a aplicar más helado, mordisqueando el Magnum y untándolo de nuevo, repitiendo el proceso varias veces. El frío, el calor de su lengua y la textura cremosa me estaban volviendo loco. Después de varios minutos, ella se tumbó de espaldas en la cama, abrió las piernas y cogió el Magnum ya medio derretido. Frotó el helado contra su coño, pasándolo por su clítoris hinchado. Luego, poco a poco, empezó a metérselo. Gemía mientras introducía y sacaba el helado de su vagina, follándose con él. La crema blanca se mezclaba con sus jugos, chorreando por su ano y manchando las sábanas. Cuando el Magnum se ablandó demasiado, se lo metió en la boca y comenzó a masturbarse con los dedos. Se penetraba con dos dedos de una mano mientras con la otra se frotaba el clítoris con ganas. Alternaba, metía los dedos en su coño empapado y luego los bajaba para penetrar su culo, extendiendo la mezcla cremosa y viscosa por ambos agujeros. Se retorcía y las tetas le vibraban con el resto del cuerpo. Un auténtico espectáculo. De repente, su respiración se aceleró. Empezó a gemir más alto, abrió las piernas al máximo y, con un grito ahogado, se corrió violentamente. Un potente squirt salió disparado de su coño, mezclándose con los restos del helado derretido. Chorros de pasión que salían a presión, empapando su mano, sus muslos, las sábanas y a mí, que lo recibí encima con mucho gusto. Estuvo convulsionándose un rato mientras seguía frotándose, el orgasmo fue largo, hasta que quedó temblando, exhausta y cubierta de una de jugos muy guarrona. Se quedó allí tumbada, con las piernas abiertas, respirando agitada y con una sonrisa satisfecha en la cara, completamente empapada y sucia. Un ratito después del espectacular squirt, me miró con una sonrisa traviesa y se levantó para coger un refresco que le había llevado. Sacó dos cubitos de hielo y los usó conmigo. Yo estaba tumbado boca arriba, todavía recuperándome de lo que había visto. Ella se colocó a horcajadas sobre mis piernas y, sin decir nada, puso los dos hielos directamente sobre mi barriga, se inclinó hacia adelante y aplastó sus tetas contra los cubitos, atrapándolos entre su suave piel y mi cuerpo. Empezó a moverse lentamente, deslizando sus pechos arriba y abajo, arrastrando los hielos derretidos por mi abdomen hasta llegar a mi polla, que seguía a punto de explotar. Sentía cómo los cubitos se derretían contra mi piel mientras sus tetas suaves y calientes los presionaban contra mi miembro. Me hizo una cubana espectacular: envolvió mi polla completamente entre sus pechos, apretándolos con las manos mientras subía y bajaba con un ritmo lento y delicioso. El hielo derretido actuaba como lubricante frío, haciendo que su piel se deslizara de forma resbaladiza y perfecta. Una auténtica gozada. De vez en cuando bajaba más la cabeza y me daba largos lametones, chupando el glande con su boca mientras seguía masturbándome con las tetas. El contraste era brutal: el frío del hielo y el agua helada contra la calidez húmeda de su lengua y la suavidad de sus pechos. Aceleró el movimiento, apretando más fuerte sus tetas alrededor de mi polla, subiendo y bajando con ganas mientras me miraba a los ojos. Tenía un reguero de agua fría que corría por mi barriga y mi verga. No aguanté más. Me corrí con fuerza entre sus tetas, soltando chorros que salpicaron su escote, su cuello y parte de su barbilla. Ella siguió moviendose lentamente, exprimiéndome hasta la última gota, mientras me daba pequeños lametones en el glande sensible. Se quedó mirándome con una expresión satisfecha, con mi semen brillando entre sus tetas grandes y su piel mojada por el hielo derretido. El resto de la noche fue igual de morboso y divertido. Seguimos jugando, follando y explorando su cuerpo sin prisa, cambiando de posiciones y probando diferentes cosas hasta bien entrada la madrugada, pero sinceramente, lo que más se me quedó grabado fue ese momento tan vicioso y especial con el helado, sus tetas y aquel squirt espectacular que dejó la cama completamente empapada. Fue una de esas noches que se recuerdan durante mucho tiempo. |
Club Fusión. Mola
Quedé de nuevo con ella la semana pasada. Le dije que me apetecería probar algo tipo swinger y me llevo a un sitio que no conocía (Club Fusion).
Me pareció un estupendo local para este tipo de encuentros. Amplio, discreto, con piscina interior y varios ambientes. El sitio prometía. Pactamos 4 horas por 300 más entradas. Al llegar al club fuimos zona bar, pedimos algo y nos acomodamos en uno de los sofás mientras observábamos el ambiente. No tardamos en conectar visualmente con otra pareja. Ella era una mujer de curvas generosas, con dos buenas tetas naturales que se marcaban bajo un body negro, caderas anchas y un culo redondo y apetecible. Él era delgadito, de cuerpo fino y mirada hambrienta. Nos unimos y empezamos a charlar. El ambiente se fue caldeando poco a poco. Fantaseábamos abiertamente con lo que podíamos hacer los cuatro, dejando que la excitación creciera en el aire. Macarena, con ese toque dominante que tiene de vez en cuando, tomó las riendas. Nos pidió al otro chico y a mí que fuéramos desnudando despacio a su mujer. Entre juegos dejamos al aire sus tetas, eran más grandes aún que las de Macarena. Las acariciamos, las apretamos suavemente entre los dos mientras ella empezaba a suspirar. Nos turnábamos para besarle el cuello, lamerle los pezones y pasar las manos por su culo y entre sus piernas. La mujer estaba cada vez más encendida, respirando agitada mientras cuatro manos la recorrían. Cuando aquello ya era difícil de controla, Macarena propuso continuar en un lugar más privado. Nos dirigimos juntos a una de las salas de juegos y nos acomodamos en una gran cama redonda. Una vez allí, Macarena cambió los roles. Los puso a los dos para que se ocuparan de mí. La mujer se arrodilló entre mis piernas y empezó a comerme con ganas, tragándome profundo, mientras puso al chico por detrás para que me lamiera los huevos. Sus bocas trabajaban al unísono, húmedas y ansiosas. Era una sensación muy placentera. No tardé en correrme en su boca; ella lo dejó caer sobre las tetas. Después le tocó el turno a Macarena. Mientras yo miraba los puso a comérsela a ella. Se tumbó abierta de piernas. La otra mujer le devoraba el clítoris mientras el chico le chupaba el cuello y los pezones. Estuvieron así un buen rato hasta que los separó, levantó un poco la espalda y frotándose muy rápido con los dedos, se tensó entera y explotó en un potente squirt que salió a chorros, empapando las caras y los cuerpos de la otra pareja. Yo ya estaba otra vez tieso como un palo. Se levantó y se vino a mi lado. En todo momento estuvo pendiente de mí y de que lo pasase lo mejor posible. Ella organizaba y los demás disfrutábamos. Le dijo al chico que penetrase a su chica para nosotros. Completamente mojados como estaban, él la puso a cuatro patas justo delante de nosotros y se la metió con fuerza. Ella estaba como una moto, gemía descontrolada, empujando hacia atrás, eran como dos perros en celo, empapados de squirt y sudor. Tras presenciar el espectáculo que me organizó con los otros. Macarena me propuso marcharnos a un sitio más íntimo para terminar de disfrutar nosotros solos. Antes de eso nos intercambiamos los números por si repetimos. Nos fuimos del club a un apartamento cercano. Al llegar nos metimos juntos en la ducha. Nos enjabonábamos con deseo acumulado. La besé, le mordí el cuello, apreté sus tetas contra mi pecho… ¡Esa sensación de piel suave y resbaladiza! Salimos de la ducha sin secarnos apenas y caímos sobre la cama. Allí terminamos todo lo que habíamos empezado esa noche. La follé con fuerza, primero de frente, sujetándola por las caderas mientras ella clavaba sus uñas en mi espalda, y después por detrás, agarrando su culo con ambas manos. Estaba desatada, contorneándose y disfrutando hasta que finalmente yo terminé con un orgasmo largo e intenso. Agotados y satisfechos, nos quedamos abrazados, con el cuerpo todavía vibrando por toda la experiencia. |
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