Esta no es una experiencia contada al uso. Advierto, es un ladrillo, un coñazo si queréis, con pocos datos
prácticos, totalmente literario. Pero cierto.
Ocurrió así: comencé a jugar a aquel sagrado juego sin saber lo que había que hacer. Buscas, luego te falta algo. No tienes. Necesitas. Sucedáneos, simulacros; escenarios que montas, por qué no en casa, por qué no pagando, por qué no joven, por qué no puta que no sea puta, por qué no puta que empiece a serlo conmigo, o casi. Pseudoputa. Pero puta al fin.
Putas. Las hay en la calle, en casas, en bares. Por qué no habría de haberlas en clase, en bancos, en oficinas. Al otro lado del teléfono, del correo. Una cifra, si es al final de cada mes llamémosla esposa, si es antes de un polvo, llamémosla puta.
Puta, si cobra es puta. Si no hay que dar conversación, pagar copas, intentar ser como me gustaría ser y no como soy, aparentar lo que ella quiere que sea su chico ideal. Qué frustración si supiéramos del otro lo que realmente pretende acostándose con nosotros. A veces somos la fantasía de alguien, lo que quiere decir que no somos nosotros mismos para esa persona. Ser libre a cambio de precio. Pseudolumi: ¿pseudo precio? No. Yo buscaba, tanteaba, ella lo está haciendo. Se está descubriendo. Así empiezan todas. Gloria al que así las encuentra, y no en la calle, en las casas, en los clubes. En la iglesia ante el altar.
Buscaba algo diferente, original, nuevo. Llenar un vacío. Que me dieran placer sin preocuparme de corresponder. Sin decir te quiero, o te deseo, o me gustas. Sin simulacros. Se cierra el círculo: simulacro buscando lo natural. Ella es una pseudo, yo también.
No entiendo a las mujeres, ellas no me entienden a mí: se está bien entre desconocidos. Sandra, por qué no. Un correo que contesta a otro: dos fotos que bastan para desearla y empezar a construir escenarios que mi experiencia demuestra mejores a la realidad que luego habrá. Leo experiencias, buenas, malas, indiferentes. Perfecto, si fueran unánimes habría huido. Mensajes de móvil: quedamos, hablamos, esta tarde a las siete en mi casa, te voy a buscar al metro. Es morena, delgada, deseable. Es guapa cuando la miras de frente, ojos grandes, aspecto que corresponde con su edad, 24 años. He follado con unas cuantas, pero ninguna como ella. No es convencional follando. Pone mucho para que el otro, yo, sienta placer. ¿Finge, actúa, interpreta? No. Aunque ello no quiere decir que sea natural. Es extrema, llámese a lo que ella hace hardcore, hatefucking, extrem... Le puedes follar la garganta, no solo la boca. Le puedes agarrar del pelo. Azotarle el culo, pequeño, duro, en su sitio. Agarrarle las tetas, las caderas y follar a lo bestia, con rabia, hasta el fondo. Es lo que ella supone que se espera de ella, y le gusta. Disfruta, a veces se distrae, se va, pero siempre queda suficiente para seguir dando placer.
Te puedes correr en la garganta, en la boca. Pero no creo que pudieras llamarla "amor" o "cariño" sin que a uno de los dos se le escapara una carcajada. Ni siquiera "pseudoamor". Un siglo dándole vueltas a la entelequia del sexo sin amor, desde el doctor Freud, y Sandra lo sabía desde que echó el primer polvo. Todos nos exhibimos, en mayor o menor grado. Ella lo hace citando algo de su amplio catálogo de
prácticas, en ese sentido su currículum no es que sea amplio, según ella misma: es total, completo. Soy contable, sé de números. Ella sabe de follar, cobre o no. Y a veces se me olvidó con ella que había pagado previamente.
Dos horas cien euros. Dos polvos largos, garganta profunda, follada de boca, arcadas, cuatro patas, azotes. Incluso hubo misionero... Da lo que ninguna otra da, aunque no tengo ni puta idea de lo que es y eso que se acaba de marchar de casa. Pero lo da. No da problemas, no da amor, no tengo que llamarla mañana, no tengo que preocuparme por si le duele, dolió o dolerá la cabeza. Perfecto, si es eso lo que buscaba. Dos horas, cien euros: es lo que buscaba. Follar con rabia, sin importarme quedar bien. Que me follaran. En cierto modo he sido su puta.
Se hace automarketing. La
próxima vez que quedemos te daré un caprichito. Cuál. Tú lo sabes. Lo sabía ella sin haber dicho yo nada: lo que yo quiera (dentro de lo razonable), así es ella. Se anticipa a cualquier fantasía porque las ha tenido (y cumplido) todas. Sabe dar placer. No es una puta. Es puta, lo que la gente entiende por puta como peyorativo aplicado a una mujer decente. No tiene inhibiciones. Es natural. ¿Pseudo? ¿Puta? No. Es ella misma, bajo precio o por placer ocasional.
Habla bastante, no lo hace mal. Aunque no era la conversación que hubiera querido tener hoy, es lo único en lo que tuve que fingir.
Es buena, muy buena. Cuidadla. No hay otra igual. Cobra, pero no es una puta al uso. Lo hace por dinero, sí, pero lo que ella hace o se deja hacer no lo hace ninguna que conozca. Busca el placer del otro y ese es su único fin. Respetadla, si esa es una profesión, y al parecer muy antigua, ella es la mejor profesional precisamente porque apenas lo es.
Tuve que entender que aun hay otra luz que queda cuando en mí se pone el sol. Y ahí estoy, en la ardiente oscuridad. Esa inmensa decisión viene a mí y yo no dejo de fumar. Volveré a verla. Me ha gustado estar con ella y eso representa justo lo contrario de lo que pensaba de mí mismo.
Perdón por el ladrillo, lo advertí.