No he visto nada de esta piba, y mira que me extraña porque pone unos videos en gemidos, que flipas [Sólo los usuarios registrados pueden ver los enlaces e imágenes. ]
Nombre: Isabella
Edad: pone 30, puede ser alguno mas, pero está muy bien. Tal cual se muestra en los anuncios
Contacto: 691744568
Zona: Atocha, en un piso bastante decente. La zona está bien comunicada, cerca de metro y tren. Edificio discreto
Instalaciones: Piso amplio, nada de zulos. Habitación de buen tamaño, cama grande, sábanas limpias. Baño en el pasillo, con toallas y gel. Todo limpio y ordenado. Se respira ambiente tranquilo.
Higiene: Buena. Ella huele bien, la casa también. Sin olores raros.
Cuerpo: 1,65 metros. Colombiana de piel morena clara. Pelo largo oscuro, probablemente extensiones pero bien puestas. Lo que más destaca son las tetas grandes, naturales, de las que llenan la mano y sobran. Y el culo es otro capítulo: grande, redondo, duro, de esos que piden a cuatro patas. Cintura que se marca, no es una chica gorda pero tiene carnes en los sitios que toca. Unas caderas anchas para agarrarlas bien. Piernas gruesas pero proporcionadas.
Cara: Simpática, agradable. Sonrisa fácil, mirada que te come. No es una modelo de revista pero tiene ese algo de las colombianas que te engancha.
Actitud: Sensual y complaciente. Desde que entras te hace sentir cómodo, te ofrece agua, charla un rato. En la cama se implica, no está mirando el techo. Gime sin exagerar, te agarra, te susurra. De esas que te hacen creer que estaban esperando a ti.
Lo mejor: Las tetas y el culo, sin duda. Y que la chupa sin condón con muchas ganas. El trato cercano y sin prisas.
Lo peor: No hace griego, si buscas eso, olvídate. El follar es siempre con condón, aunque la mamada sea natural. Y 120 la hora no es barato, pero se paga el paquete completo.
Precio: 70 euros media hora. 120 euros la hora.
Servicios: Mamada natural sin condón. Sexo con condón. No hace griego. Deja correrse donde le pidas salvo boca y cara, supongo (preguntar).
Repetiría: Sí, sobre todo si me entra el vicio de un culo así.
Recomendable: Sí, para los que les gusten las mujeres con curvas de verdad, culonas y tetonas, y con buen rollo.
Nota: 8,7/10
Relato
Llegué a Atocha un viernes por la noche, con las pilas cargadas después de una semana de mierda en el curro. Hablé con Isabella por WhatsApp, la tía respondía rápido y con buen tono. Me dio la dirección y llegué sin problemas. El edificio es de esos de toda la vida con portal discreto, nadie te mira raro. Lo único que están de obras en la calle. Pero bueno, subí, llamé y me abrió ella.
Morena de piel blanca, ese pelo largo oscuro que le caía por los hombros, y una sonrisa picarona. Iba vestida con un vestido negro ceñido que no dejaba nada a la imaginación. Y madre mía, no fallaba ni una: las tetas se marcaban como dos melones, y el culo dibujaba una curva que te dejabas los ojos pegados. Pasé al salón, que es amplio y limpio, y me ofreció agua mientras me quitaba los zapatos. Charlamos un par de minutos de tonterías, del calor, del barrio, y ella se reía con una voz bajita y ronca que ya me estaba poniendo duro solo de oírla.
La seguí a la habitación. Cama grande, luces tenues, sábanas blancas. Me pidió que me tumbara boca arriba y ella se sentó a mi lado. Sin muchos rodeos, empezó a besarme el cuello mientras con una mano me desabrochaba el pantalón. La noté cercana, nada de esas que están con la mente en otro lado. Me bajó los pantalones y la ropa interior de una sola tirada, y cuando me vio ya tieso, sonrió con picardía. Bajó la cabeza y me lo metió en la boca entero. Sin condón, como había prometido.
Y ahí fue cuando empezó la fiesta. Isabella no chupa como una novata. Alternaba lametazos desde la base hasta la cabeza, chupetones suaves en las pelotas, y cada dos por tres me miraba con esos ojos de zorra para ver si me gustaba. Le agarré la cabeza suavemente para marcar el ritmo, y ella lo cogió sin rechistar, incluso aceleró un poco. La tenía ahí, sumisa pero con poder, haciéndome disfrutar mientras yo ya estaba pensando en meterle mano a ese culo.
La aparté y la tumbé boca abajo para verlo bien. Se puso a cuatro patas sin que se lo pidiera, como si leyera el pensamiento. Me quedé mirándole el culo un momento. Grande, redondo, piel suave. Le di dos nalgadas y ella se rió y movió la cadera como diciendo venga, no te cortes. Le separé las nalgas con las dos manos y metí la cara de lleno, chupándole la raja y mordisqueándole las pompas. Ella gemía fuerte ya, sin vergüenza, y se empapaba.
Saqué el preservativo de la mesilla, me lo puse rápido, y entré por detrás sin pensármelo dos veces. La sensación de tenerla a cuatro patas, agarrando esas caderas anchas y viendo cómo sus tetas enormes colgaban y se balanceaban con cada embestida, fue brutal. Metía y sacaba, primero despacio, luego más rápido, y ella empujaba hacia atrás al mismo tiempo. Se agarró a la cabecera de la cama y empezó a gemir más bajito, casi en susurros, diciendo cosas como así, más fuerte, no pares.
La puse boca arriba para verle la cara y las tetas. Me monté encima, le sujeté las dos manos por encima de la cabeza y empecé a follarla mirándola a los ojos. Las tetas se movían de un lado a otro, grandes y naturales, así que bajé la cabeza a chupárselas mientras seguía metiéndosela. Terminé así, en esa postura, después de unos minutos de subidón. Me corrí dentro del preservativo con un par de embestidas finales, y ella me apretó fuerte con el coño, como si quisiera exprimirme hasta la última gota.
Me eché hacia atrás, me quité el preservativo y ella fue al baño. Me limpió ella misma, despacio, y se tumbó a mi lado un rato. No hubo prisa por vestirme ni por irme. Hablamos un minuto de chorradas, me dio un beso en la mejilla y me dijo que volviera cuando quisiera. Le dejé los 120 en la mesilla y salí a la calle con las piernas flojas y una sonrisa de oreja a oreja. Isabella es carne de verdad, de la que te deja marcado. Para repetir sin pensarlo.
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Nombre: Isabella
Contacto: 691744568
Zona: Atocha, cerca de la estación. Calle en obras. Piso amplio y cuidado
Instalaciones: Piso bastante decente, ya había estado antes con otra. Habitación grande con cama de matrimonio, sábanas limpias. Baño limpio, toallas a mano, gel y ambientador. Todo en orden, se nota que se toma en serio el aseo y la comodidad.
Cuerpo: Colombiana de unos 30 años, 1,65 metros. Morena de piel clara, pelo largo y oscuro. Lo que más llama la atención son las tetas: grandes, naturales, de esas que llenan la mano y te dejan babeando. Y el culo es otro nivel, grande, redondo, duro, de los que piden a cuatro patas. Cintura que se marca, caderas anchas para agarrarlas. Piernas gruesas pero proporcionadas. En resumen, una mujer con curvas de verdad.
Cara: Simpática, sonrisa fácil, mirada que te come. No es una modelo de pasarela pero tiene ese punto de las colombianas zorronas que te engancha desde el primer saludo.
Actitud: Sensual y complaciente. Te ofrece agua nada más entrar, charla un rato para romper el hielo. En la cama se nota que le gusta, no está mirando el techo ni contando los minutos. Se implica, gemidos sinceros, te agarra, te susurra.
Precio: 70 euros media hora, 120 euros la hora.
Servicios: Besos con lengua con ganas. Mamada natural sin condón, de las mejores que he probado. Sexo con condón siempre. No hace griego.
Higiene: Impecable. Ella recién duchada, piel suave y olor a limpio. El piso sin olores raros, baño con gel y toallas limpias.
Lo mejor: La mamada sin duda. Y las tetas naturales y el culo. El trato cercano y sin prisas.
Lo peor: la calle en obras y hasta que encuentras donde aparcar
Repetiría: Sí, sin dudarlo.
Recomendable: Muy recomendable, sobre todo si te gustan las mujeres con curvas y que chupan como diosas.
Nota: 9/10
Relato
Llevaba un par de semanas viendo los anuncios de Isabella en varios portales, pero lo que terminó de convencerme fueron los vídeos que sube en Gemidos. Madre mía, cómo se veía chupando en esos clips. Me quedé con la espina clavada y me dije: hay que ir. Además había leído alguna reseña por aquí que hablaba maravillas de ella y de su mamada. Total, que me animé.
Escribí al WhatsApp 691744568, respondió rápido y con buen tono. Quedamos para la tarde siguiente en Atocha. Llegué, encontré la dirección fácil, el edificio es discreto y sin porteros. Subí, llamé y me abrió ella. Isabella es más guapa en persona que en los vídeos. Morena de piel clara, pelo oscuro y largo, sonrisa que te desarma. Llevaba un vestido ceñido que marcaba cada curva. Y madre mía, esas tetas y ese culo no engañaban.
Se sentó a mi lado y empezó a besarme el cuello mientras con una mano me desabrochaba el pantalón. Besa rico, con lengua, sin prisas. Me bajó los pantalones y la ropa interior, y cuando me vio ya tieso sonrió con picardía. Bajó la cabeza y empezó la función.
Y aquí es donde tengo que pararme. La mamada de Isabella es de las que se recuerdan. No sé si habrá visto los mismos vídeos que yo o si es que tiene un don natural, pero lo que hace con la boca es una obra de arte. Primero lametazos lentos desde la base hasta la punta, con la lengua plana, mientras te mira fijamente. Luego se lo mete entero, hasta donde le cabe, y empieza un ritmo de sube y baja que te hace arquear la espalda. Cada dos por tres para para chupar las pelotas, pasando la lengua alrededor, y luego vuelve a tragar todo. No tiene arcadas ni prisas. Controla la profundidad, la velocidad, la mirada. Me tenía hipnotizado. Podría haberme corrido allí mismo, pero aguanté porque quería más.
La tumbé boca arriba y me puse encima. Le besé el cuello, bajé a las tetas, grandes y naturales, y se las chupé mientras ella gemía bajito. Las cogía con las dos manos y pesaban lo justo, suaves y firmes. Se notaba que le gustaba, se retorcía debajo de mí. Bajé más y le comí el coño un rato, ya estaba mojada, y ella movía la cadera para que no parara. Se vino una vez, se notó de verdad, se quedó temblando y luego se rió.
Se puso el preservativo ella sola, con soltura, y se montó encima. Cabalgaba como una profesional, moviendo las caderas en círculos, con las tetas rebotando a centímetros de mi cara. Las agarré y ella aceleró el ritmo. Después la puse a cuatro patas y ahí disfruté del culo. Redondo, duro, moreno. Agarré sus caderas y le di caña, y ella empujaba hacia atrás cada vez que yo empujaba. Gemía fuerte, sin vergüenza.
Terminamos en misionero, patas a mis hombros, y me corrí dentro del preservativo con una intensidad que hacía tiempo no sentía. Me quedé dentro un rato, ella abrazándome y besándome el cuello.
Salí a la calle con las piernas flojas y una sonrisa de oreja a oreja. Isabella es un 10. Guapa, buen cuerpo, trato excelente, y esa mamada... Dios, esa mamada!!!
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