Hoy soy yo el que se estrena contando su primera experiencia, con su primera chica.
Hacía tiempo que buscaba el momento... tenía que ser algo verdaderamente especial. El lugar ya lo había decidido: El edén de Anita, la chica también: Maika. Había estado mirando sus fotos en internet. Me había cautivado su piel de ébano, la esbeltez de su figura, sus piernas largas... sus fotos provocadoras.
Solamente faltaba el momento... un viernes de marzo, por la tarde. Llamé y concreté una cita.
Y allí estaba yo, completamente novato, llamando al telefonillo, entrando y esperando detrás de los cristales.
Espectacular, fue espectacular verla bajando las escaleras con un vestidito verde, brevísimo y sugerente. Me cautivo su forma de acercarse. Fue delicioso aspirar su aroma al abrir la puerta, comprobar que su presencia superaba mis expectativas. La primera sonrisa, la primera palabra, el primer besito, la primera caricia... ¡Qué dulzura!.
Subí un poco detrás de ella, admirándola detenidamente, emocionado por la gracia de sus pasos y su belleza.
Recuerdo que llegamos a la habitación y seguía mirándola, vestidos todavía, prendándome segundo a segundo de su boca, de sus ojos, de la promesa de su cuerpo que poco a poco se me iba desvelando. No pude reprimir el impulso de acercarme, de volver a besarla, de acariciarla suavemente, de acercar su desnudez a la mía, de volver a sentir su fragancia, de percibir intensamente como mi deseo se desbocaba... y, sobre todo, de la sensación de felicidad que me embargaba sabiendo que iba a saciarlo con ella, con Maika.
Después de la ducha, cuando volvimos, nos entregamos al placer de darnos gusto el uno al otro. De nuevo los abrazos, los besos por todo el cuerpo, por todos los cuerpos, la entrega mutua sin más objetivo que disfrutar. El darnos satisfacción sin tabúes, con la mayor complicidad el mundo.
Fue espectacular sentir su cuerpecito anudado en el mío, notando en cada instante esa brisa dulce del Caribe que ella trae consigo y lo invade todo.
Tengo, desde entonces, una sensación muy intensa de su figura menuda entre mis brazos, de ese acurrucarse que tiene Maika cuando la envuelves con ternura. De cómo se deja acariciar, cómo se deja mimar en lo más suyo, mientras percibes su placer entre susurros que se van convirtiendo en gemidos y terminan con su espalda arqueada, sus manos temblorosas en tu nuca, agitándose entre jadeos, apenas contenidos, brindándote el mejor de sus regalos.
Veamos: ¿Edad? ¿Fuma? ¿Piercings? ¿Tatoos? ¿Con o sin?... y yo me pregunto ¿Qué más da? Todo eso no haría más que distraerme de la maravillosa sensación de estar con Maika. Prefiero valorar la finura de su talle, el misterio de sus ojos, el vértigo de sus pechos casi adolescentes, todo el erotismo de su cuerpo esbelto moviéndose acompasadamente con el mío, acogiéndome y poniendo toda su voluptuosidad en juego para hacerme disfrutar al máximo, para llevarme, irremediablemente, al éxtasis.
Hoy, cuando he visto sus nuevas fotos he revivido muchas de las sensaciones y emociones de aquella tarde. Entonces me he preguntando: ¿Repetiría?...¡Ufff...! Me han entrado unas ganas irresistibles de volver a la dulzura de Maika.
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Última edición por ferlo; 28-03-2012 a las 18:29
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