Nuevo teléfono 641546606 y experiencia con Sonia
Yo a esta chica la visité en Murcia hará un par de semanas. Le escribí a su whatsapp 641546606 (que veo que no está aquí registrado en el foro), y ella me atendió bastante rápido, diciéndome que la hora era 130, lo cual me pareció un poco elevado, y detallándome sus servicios, que me parecieron interesantes. No ofrecía griego, pero el resto de cosas sí. Como me atraían sus fotos, a pesar del precio acepté el encuentro y quedé con ella para última hora de su jornada de trabajo, siendo ese día sábado. La verdad es que creía que iba a estar cansada y que el servicio no sería demasiado bueno, pero me equivoqué.
Me llamó la atención que ella me hizo varias preguntas a mí: si era europeo y si era joven, pues según ella podía ser que la foto que tenía en whatsapp fuera mi hijo. Tal parece que sólo quiere trabajar con europeos y con hombres no excesivamente mayores. Yo soy de edad mediana, tampoco soy un crío ya. Pasé el filtro y allá que me fui.
Me abrió la puerta con un vestido de cuero negro que se abría con una cremallera desde la parte de delante. Ella no tiene un cuerpo de 90-60-90, pero es que tampoco le hace falta tenerlo. No cumpliendo las medidas estándares está bien hermosa, es muy atractiva, y tiene unas tetas soberbias, preciosas y apetitosas de las que uno no se cansa nunca.
Me ahorro la descripción del lavatorio, siendo todo correcto. Pasamos a la habitación y, cómo no, sale el tema de la guerra de Ucrania... Debe estar harta. Me dijo: "vamos a nuestra guerra particular, que es la del amor". Domina la lengua española perfectamente, facilitando mucho la comunicación. Lo suyo es verdaderamente la lengua. Ni corta ni perezosa ella no me pregunta si me gusta a mí besar, sino que afirma que a ella le gusta besar y que lo que mejor que podemos hacer es empezar por ahí. Yo le dije que sería un placer besarla. Más que besos fueron invasiones de su lengua en mi boca, de una manera realmente húmeda. Recibía su lengua dentro de mi boca y allí la extendía suave y deliciosamente, recreándose. Y venga besos y lametones, y ella que se iba poniendo a tono y yo detrás de ella poniéndome cada vez más cachondo. Ella no paraba de sonreír con esos ojazos azules eslavos que tiene. Tiene una bonita boca que la sabe utilizar muy, pero que muy bien.
Nos pusimos delante del espejo y empecé a sobarle sobre el vestido esas descomunales tetas tan bien puestas y a besarle en el cuello y la nuca, recogiéndole el cabello. He leído en algunas experiencias que si son operadas, que si patatín, que si patatán... Pues no, son las tetas que le ha dado la Madre Naturaleza, unos pechos de matrona rusa que no caben en las manos ni en la boca, pero que en ello precisamente reside su encanto, en que son imposibles abarcarlos y saciarte así es una tarea sin fin con la que nunca se apaga la calentura. Son pura lujuria a la vista y al tacto. Se quedó en ropa interior y empezó a mamarla de rodillas, siempre con la sonrisa en el rostro, sabiendo que subiendo de intensidad me ponía más y más cachondo. Tuve la tentación de hacerle garganta profunda, pero al no recordar haberlo leído entre los servicios ofertados, me contuve. La mamada fue muy placentera. Así estuvimos un rato junto a la cama y finalmente se puso de pie y se desabrochó el sujetador entre risas y miradas cómplices, sabiendo que al dejar sueltos esos dos melones el espectador iba a soltar una exclamación. Así fue, y ella reía con sonrisa cascabelera, creándose un ambiente con muy buen rollo.
Nos fuimos a la cama y continuó mamándola lentamente, pero sin pausa, metiéndosela toda de manera muy dulce y cariñosa, lanzándome miraditas y sonriéndose al ver mis reacciones a cada movimiento de su lengua. Total, que al final se echó sobre la cama y al verla en esa posición con los pezones mirando al techo y sus enormes pechos como flanes recién sacados del molde, apetitosos para llevárselos a la boca no pude más que tirarme a por el goloso postre como un niño pequeño que viene de la escuela y tiene hambre. Ahí ya la cosa se puso muy caliente, porque opté por mamarle las tetas agarrándoselas con las dos manos con lametones y succiones, pero sin quedarme allí, sino yéndome hacia su boca para comérsela a besos de vez en cuando. Este movimiento lo repetí insistentemente y ella empezó a ponerse como una moto abriéndose de piernas, como invitándome a que tomara posición, aunque no tenía el preservativo puesto. Así que opté por acariciarle el clítoris suavemente, como para encenderle el termostato, y la muchacha se puso muy relajada, y así estuvimos un ratillo, repitiendo la operación una y otra vez.
De repente se puso de rodillas sobre la cama para ir a buscar un preservativo, que sacó del cajón y así en esa posición empezó a rasgar el envoltorio, pero yo estaba tan caliente que me fui detrás de ella y la agarré suavemente de la nuca, le eché para atrás la cabecita y empecé a comerle a besos la boca. Así estuvimos más de un minuto metiéndonos la lengua, ella acelerándosele la respiración y sin acertar a rasgar el plástico del preservativo que tenía entre los dedos. Le amasaba las tetas sin pausa y le comía la boca a besos y ella bien a gusto, recreándose, hasta que acertó a sacar el condón y me lo colocó sin mayor tardanza y se abrió de piernas frente a mí, de par en par. Me subí al instante, cuerpo a cuerpo, e iniciamos un misionero chasqueante, de plas plas plas (como si alguien estuviera haciendo palmas y animando la escena), que fue ganando en velocidad e intensidad cada vez que la percutía cariñosamente. Con cada caída sobre su entrepierna a ella se le entrecerraban los ojitos que le brillaban, como si estuviera viendo una película de perritos de Disney. Aquello fue simplemente maravilloso, con resoplidos y cariñitos, metiéndole las manos por todas partes (cabello, culo, tetas, cuello, por debajo de los hombros para lograr mayor profundidad en la penetración). El corridón no se hizo esperar. En pocos minutos ya me había venido dentro del condón, y ella se quedaba relajada sobre la cama y yo más contento que un niño con zapatos nuevos. Ella dijo una frase: "a mí es que me gusta follar." Yo la miré y le dije: "A mí también".
Nos vestimos, me enseñó sus mascotas, unos besotes y para casa.
Saludos.
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