Conocí a Blondie
Conocí a Blondie... Disfruté de cuatro larguísimas horas en su compañía.
Me atrajo desde que entré en el foro y comencé a leer sus post bajo el rótulo de "moderatrix". Al principio, estaba despistado con su figura. Me llamaba la atención su "autoritas" en el lugar y su rotunda y cristalina forma de expresar argumentos y posiciones, pero no terminaba de entender qué hacía una mujer como moderadora en un foro como éste.
Más adelante, cuando descubrí sus relatos y éste su hilo de experiencias. Mi idea sobre ella se transformó radicalmente... me inspiró un relato y su continuación y nos cruzamos en algún hilo...
Yo estaba de "retirada" desde septiembre, es decir, "volviendo a Ítaca". Pero albergué la disparatada idea de conocer en persona a esta misteriosa mujer que ejercía en mí una poderosa fascinación. La casualidad no existe: a menudo se confunde con la causalidad inefable; por un alejado motivo nos encontramos por mp y no pude evitar intentar darle forma y realidad a mi idea. Le propuse una invitación a comer, previa valoración del servicio, con la única intención de conversar y conocernos. Su respuesta afirmativa me llenó de expectativas durante los días que nos llevó concretar la cita.
Y una primaveral tarde de invierno conocí a Blondie: la esperé en el restaurante durante cinco minutos: cinco minutos en los que mis expectativas, mis dudas, mis conflictos internos se centrifugaban al máximo de revoluciones. Su entrada accionó el botón de paro de forma inmediata. Me encontré frente a una mujer tan seductoramente atractiva como esperaba; tanto por su aspecto físico como por su inteligencia y delicadeza a la hora de manejar esos primeros momentos: rápidamente adaptamos nuestro estilo comunicativo y conversamos sobre el foro y los temas de los hilos en los que nos habíamos cruzado... y sobre algunas cosas más... La sobremesa se prolongó sin que me diera cuenta hasta las tres horas: hubiera valido la pena por sí sola.
Pero ya he dicho que mi idea era disparatada: un cigarro en la calle para despedirnos, pero su hotel estaba tan cerca... Era una opción comentada que yo había desestimado, pero mi determinación se había forjado en una recreación imaginada: la realidad, la irresistible y seductora personalidad de Blondie, la estaba poniendo en un duro brete... Yo no debía, pero mi deseo se transformaba en una fuerza ingobernable... Desde el principio supe que podía pasar... si Blondie era como había imaginado... Comenzamos a andar en dirección a su hotel...
Conocí a Blondie en la habitación de su hotel. Dicen que las mitológicas sirenas conseguían atrapar la voluntad de los hombres porque su canto expresaba sus deseos más íntimos; sus anhelos más verdaderos. Los míos fueron descubiertos y cumplidos.
Me desamarré del mástil de la nave que me llevaba a Ítaca. He recompuesto las amarras con nudos y navego otra vez rumbo a...
Conocí a Blondie... Disfruté de cuatro brevísimas horas en su compañía.
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