Buenos amig@s, os cuento mi experiencia con Debora. Pille la cita a las 10 de la mañana para pillarla fresca y descansada pero alguien se me adelantó, por lo menos uno que yo viera, que me lo encontré saliendo del apartamento.
Antes que nada decir que era mi segunda experiencia puteril y la primera ya ni la recuerdo de los años que han pasado. El día anterior hablé por teléfono con ella y me comentó las tarifas. Pillé 1 hora que incluía griego (en mi vida lo había hecho) y todo lo que quisiera según ella, repitiendo las veces que quisiera o pudiera (que graciosa), 100 euritos. La verdad es que en rebajas con 100 € se pueden comprar bastantes cosas pero decidí en esta ocasión darme este capricho. También me dijo que hacía lluvia dorada y que tenía un buen surtido de consoladores por si me iban estas cosas (la verdad que no). No tengo claro si esto son rebajas de verano pero creo que el griego antes siempre lo cobraba aparte.
Me recibe con un vestido blanco como de encaje semitransparente que deja ver también la ropa interior del mismo color. Yo creo que no le llegué a decir buenos días cuando se acerca y me da un morreo que me dejó tiritando. Después de la sorpresa mis manos no se pudieron estar quietas y fueron directamente al culazo que imaginaba mientras me metía su lengua hasta la campanilla, menuda lagarta la bicha.
De aspecto más que buenorro, creo que anda ahora por los 53 tacos pero más que bien llevados. Guapetona y viciosa de cara.
Pasado el saludo morreo vamos a la habitación, bastante coqueta. Me dice que si me quiero refrescar está la ducha. Yo como buen chico le hago caso, con la intención de refrescarme un poco. En esto que me dispongo a salir de la ducha cuando me dice que si le hago un hueco. Pues nada, al lío. Los dos dentro con nuevo magreo y besos continuos. A los pocos minutos ya me estoy poniendo a tono y a Debora no se le ocurre otra cosa que hacerme un francés natural en la misma ducha, . . . creo recordar que tuve algún tembleque en las piernas. El agua de la ducha cayéndole en su cara y no dejando de mirarme con esa cara de viciosa que tiene. Yo creo que no aguanté ni cinco minutos y me corrí en su boca.
Después del primer asalto me tumbé en su cama, sin tener muy claro como seguiría todo. Charlamos un poco de todo, de lo humano y de lo divino, le encanta hablar y tiene una buena conversación. Me invitó a una coca-cola bien fría, cosa que se agradece. Me dice que es lo que me apetece y la digo que me dejo llevar, que ando un poco perdido en estas lides y que me gustaría probar el griego al final. Así que le digo que me enseñe todas la posturitas de la que es experta.
Faltó tiempo para que empezara de nuevo con un francés y a los pocos minutos de ponerme a tono me enfundó un capuchón y empezó el repertorio. Primero empezamos con un 69 (la primera vez que me estreno en esto), luego ella encima con sus dos hermosos melones brincando, de espaldas, postura misionero (aquí me puso cardiaco). Yo creo que en cada postura no estaba más de dos minutos porque veía que me corría y tenía que hacer una “parada técnica”. Terminé con ella a 4 patas probando los dos agujeros y dandola por culo nunca mejor dicho. Como gemía la muy “zorra”. Cuando me iba me quité el capuchón y me corrí de nuevo en su cara. Mama mía.
Duchita rápida y descanso, ya habíamos pasado la horita. Un poco más de charla con la coca-cola que me sobraba. Durante la horita larga sonó 3 ó 4 veces su móvil pero no lo cogió nunca, algo que también se agradece.
Despedida con morreo y magreo de nuevo incluido (tiene una piel muy suave), ella tocando mi paquete y para casita. Ya un tercero hubiera sido imposible pero si es por ella no hubiera puesto pegas alguna.
Esto fue todo, la verdad que no estuvo pero que nada mal la experiencia con Debora, más bien todo lo contario. La pondría un 9,5 sobre 10.