Estuve con ella hace poco y mis impresiones no son totalmente halagüeñas.
Confío en que no se me entienda mal, estimados compañeros, si digo que es una actriz de trato absolutamente correcto, pues cuando goza, lo hace de verdad. Recuerdo que en tres mágicas ocasiones los cachetes de su cara se tiñeron de un tono tan sonrrosado, alegre y natural que era imposible que fuesen invención artística. Así mismo, la harina fina de su piel blanca resplandecía de tonos rosados brillantes y eso no se enseña en ninguna escuela. Sin embargo, antes de ello, su manera de entender el morbo, una especie de retransmisión fría de un partido ágil, a la que se sumaban los comentarios sobre otras jornadas anteriores, distorsionaba el propio enfrentamiento. Esto hizo que el encuentro me pareciese fingido durante el primer tiempo y una buena parte del segundo.
Aunque me entendí con ella en la lucha ufana de los cuerpos; y debo destacar que sus artes amatorias, profesionales, tibias y acertadas, supieron hacerme gozar hasta el orgasmo; no disfruté plenamente del encuentro por las diferencias personales, siempre respetadas, sobre cómo entiende cada cual el sexo y su desarrollo.
Por eso y a pesar de los comentarios críticos que aquí expreso y como todo es cuestión de entenderse, no descarto repetir algún día. Liliana es más que amable y tiene el imponderable valor de la autenticidad. Con mujeres como ella siempre se aprende algo nuevo.
Un saludo
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