re: Anna
Siguiendo las recomendaciones del Gran Sejo, así como las buenas experiencias descritas hasta ahora y aprovechando un viaje a Barcelona la semana pasada, decidí conocer a Anna.
Unos días antes la llamé por teléfono y el mismo día de la cita concreté con ella los últimos detalles.
Aunque se presentó con cierto retraso (por lo que me pidió sinceras disculpas), lo que ocurriría en la hora siguiente compensó con creces la espera.
Tras hablar brevemente sobre los límites de la sesión, en seguida pasamos a la acción con los primeros insultos, besos y caricias de acercamiento.
A continuación, salimos de la habitación y la llevé hasta el ascensor donde empecé a usarla como la perrita guarra que lleva dentro. Mientras el ascensor subía 12 pisos y volvía a bajar hasta nuestra planta aproveché para magrearla a conciencia por todos los lados. Levanté su falda hasta la cintura mientras ella se observaba lujuriosa en el espejo del ascensor.
Cuando volvimos a la habitación continué explorando sus orificios, a la vez que nos besábamos y recibía mis salivazos en la boca y en la cara, relamiéndose con fruición.
La puse de rodillas y empezó a hacerme una mamada antológica y un beso negro profundo y bien ensalivado, mientras yo le tiraba de los pezones sin que mostrara la más mínima queja.
Dado que ya llevaba más de seis horas sin orinar esperando el momento, le indiqué que se desnudara completamente y pasamos a la bañera donde le hice una lluvia en la boca simplemente espectacular; primero meándola a distancia para ver como mi orina llenaba su boca y después con la polla bien metida hasta su garganta y orinando sin parar, completado todo ello con una nueva ración de escupitajos en su boca. Terminamos este asalto con un nuevo beso negro y metiéndome ella dos de sus deditos por atrás. Delicioso.
Nos dimos una ducha para limpiarnos y seguimos en la habitación con sexo vaginal, anal y una gran corrida en su boca y cara.
Se fue al baño a limpiarse y después continuamos con un poco de charla y otro poco de sexo, aunque menos intenso que antes porque yo ya estaba al límite.
La única pega que le pude encontrar (por decir algo) es que no fue posible hacerle un fisting como mandan los cánones. Sólo puede introducir tres dedos en cada uno de sus agujeritos, pero posiblemente con un poco de dedicación por mi parte hubiera conseguido algo más. No importa.
En ningún momento miró el reloj y cuando ya se marchaba fui yo el que le recordé la cuestión económica (200 €).
En definitiva, una magnífica sesión de sexo guarro con una mujer maravillosa, elegante y que te da todo sin restricciones. Sencillamente impresionante.
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