Estuve con Valeria hace unos días. Tenía pendiente relataros la experiencia. La descripción de la chica ya se hizo en el primer post. Sólo puntualizaré que no es chilena
Nombre de guerra: Valeria
Nacionalidad: podría pasar por española, pero no lo es
Forma de Contacto: WhatsApp/
Hilo profesionales: Masajista erótica
Web profesional: Te la envía al darte la información por whatsApp
Fecha aproximada: octubre 2021
Lugar: calle Princesa
Instalaciones: muy bien. Es un salón de masajes y ella alquila una habitación
Higiene: Bien. Ella no se quita la mascarilla
Precio: 1 hora con 2 relax 80€; por ese precio también te ofrece prostático o fetiche de pies (uno u otro, pero no los dos en la misma sesión). Pero no hace francés ni penetración.
Edad: me dijo que 23 y me lo creo
Cara: Muy bonita. Tez blanca y ojos claros
Pelo: Media melena color cobrizo claro
Cuerpo: Bonito cuerpo, hermoso culo y pechos preciosos, operados pero parecen naturales.
Piercings y tattos: piercings ninguno, tatuajes: sí.
Defectos corporales: ninguno que yo haya visto
Actitud: Agradable, atenta, silenciosa si quieres, conversadora si lo prefieres
Conversación: hablamos antes y después del masaje y resultó amena
Besos: No
Fuma: No sé. No olía
Francés: No
Forniqueo: No
Griego: No
Lo mejor: Su cuerpo y su atención
Lo peor: que sólo ofrece lo dicho anteriormente
Fotos del anuncio: podría asegurar que son de ella, pero o de hace algun tiempo o pelín retocadas con el photoshop, porque no está tan pibón como se aprecia en ellas.
Me cité por whatsapp y acudí al piso donde recibe actualmente (hasta hace bien poco recibía en Sanchinarro). Abre la puerta una señorita que luce una corto vestido transparente, bajo el cual sólo llevaba las braguitas (muy bien para ir calentando el ambiente). Te lleva a la habitación y ofrece ducha, que está en la misma sala. Ella permanece en la habitación mientras te desnudas y duchas, pero de espaldas a ti. Una vez seco, te pregunta si deseas dos relax (yo le dije que con uno bastaba) y me pidió que me tumbase.
Comienza un masaje que no está mal; no es fisioterapeuta ni quiro, pero lo hace bien. No es un pasamanos.
Durante el mismo charlamos un poquito, pero pronto me callé para centrarme en dónde ponía sus manos y otras partes de su cuerpo. Cuando te hace el cuerpo a cuerpo y notas sus pechos deslizarse sobre tu espalda y glúteos, flipas.
Durante esta fase inicial te recorre el cuerpo de abajo arriba, pero no recuerdo que se acerque a tus genitales. Es cuando acaba el masaje, antes de pedirte que te coloque boca arriba, cuando dedica unos 2 o 3 minutos a acariciarte el escroto, con mucha suavidad.
Una vez boca arriba, veo esos lindos pechos (antes del masaje no se quitó el vestido). Preciosos, hermosos, me encantaron. También su mirada, que es lo único que puedes ver de su rostro, ya que de nariz hacia abajo está cubierto por la mascarilla.
A pesar del poco tiempo transcurrido desde aquella sesión, no recuerdo bien si dedicó tiempo a masajearme la parte frontal (tórax, abdomen y piernas) o estuvimos conversando. Lo que sí recuerdo es que se arrodilla a la altura de tus caderas y comienza el relax, muy suave, muy despacio. La puedes acariciar pero no sé dónde tiene puesto el límite: pechos y pubis sí; labios vaginales también. Pero hasta ahí. Yo no seguí avanzando porque me corrí. La paja había empezado con movimientos muy lentos, y va aumentando la velocidad poquito a poco. Cuando me di cuenta que me venía, ya no pude parar.
Experiencia gratificante, me gustó.
Como sobraba tiempo, me ofreció continuar con el masaje y acepté. Reanudamos la conversación y los movimientos del masaje se convirtieron entonces en algo mecánicos, porque ella estaba más centrada en la conversación que en lo que hacía con las manos. No me importó, porque así y todo resultaba agradable, y la conversación también (no eran temas banales).
Duchita, despedida en la puerta con dos besos tras mascarilla y hasta la
próxima.
Habrá repetición: con estas subidas de precios, cada vez hay que espaciarlos más. Pero espero repetir; como en el programa First Dates, yo quiero una segunda cita