Pues eso, que el otro día les visité. Me atendió Yolanda, la encargada. Por teléfono ya había sido muy amable y, aunque ella me avisó que era la más madura del lugar, quise que lo hiciera ella.
Una vez allí entro en una sala bien equipada, muy amplia y tranquila. Quien vaya a por un masaje acabado en paja o poder meter mano que se abstenga. Es otro rollo.
Inicialmente, una sesión de respiraciones que a mí no me incomodó pero que a cualquier persona que no esté acostumbrada sí que le puede resultar extraño. Incluso respirar de esa manera a quien no está acostumbrado le puede provocar un mareo por hiperventilación, pero se lo dices y ya está. Cómo sorprende cuando yolanda te hace la respiración de la cobra. Impone mogollón.
Sutilmente te quita la ropa y te hace boca abajo un masaje tremendo. Pero que muy bueno. Boca arriba, genial.
Finalmente, la parte de kundalini (creo que se escribe así) que es prolongar y evitar el orgasmo y repartirlo por todo el cuerpo. Sentí unas cosas bastante peculiares. El tema anal muy bueno. Yo nunca lo había probado pero te estumila la
próstata de manera totalmente higiénica. Es acojonante. Al principio una sensación un poco rara, pero muy interesante. No dejaría que cualquier persona me hiciera eso.
No eyaculas. Te mantiene erecto y luego te baja la erección para repartir el orgasmo por el cuerpo. Y se nota, eh? Se nota. De hecho, no eché de menos correrme. En absoluto.
Es justo lo que buscaba. Un masaje de verdad, algo espiritual y no centrado en el orgasmo.
100 euros gastados gustosamente y que repetiré sin duda, la
próxima vez me van a presentar a Rebeca. A ver qué tal.
Yolanda, un encanto de mujer. Y con una energía, fuerza y buen rollo increible.
Lo peor, la intimidad. Por allí pulula demasiada gente y para ir a la ducha tienes que pasar por la entrada. Mal rollo. Y las duchas un poco cutres. Y se ve una habitación con ordenadores y chavales jóvenes dentro. El tema gay está muy implantado ahí, sí, pero no sé. Incomoda un poco el que no haya intimidad. Al entrar me encontré con un repartidor de una agencia de transportes que tenía cita con un muchacho. Eso no se puede permitir. Discrección, por favor.
Saludos,
aprendearespirar.