Ana
Nombre de la masajista: Ana
Nacionalidad: China
Fecha aproximada: este mes
Lugar: Calle San Bernardino
Instalaciones: tal y como se han descrito anteriormente. Echo en falta la ducha
Higiene: tanto la estancia como la masajista estaban limpitas
Precio: 65€/h +20€ (luego explico)
Edad: es joven, diría que unos 30
Cara: guapa
Pelo: negro recogido y por los hombros
Cuerpo: esta bien, con pechos medianos y caídos
Culo: plano
Piercings y tatuajes: no visible
Defectos corporales: ninguno
Actitud: agradable
Conversación: ninguna. No habla español ni inglés. Comunicación vía traductor del móvil
Besos: unos piquitos
Fuma: no olía
Frances: no pedí
Forniqueo: no lo sé
Lo mejor: el masaje, que no estuvo mal
Lo peor: que pequé de pardillo
¿Repetir? no
¿Recomendable? La chica está bien, el masaje es aceptable y si negociáis todo desde el principio, todo irá bien.
Experiencia: voy al grano. La madame, una señora de 40 y tantos, me lleva a la estancia que los que me preceden ya han descrito: es un cuarto de 4 m2 con un tatami alto con forma de L. La madame llama a una joven que se acerca. Ella te dará el masaje. Me pregunta el tiempo, le digo que una hora y no negocio nada más, pues doy por hecho que incluye final feliz con la chica en top-less. Pago, me desnudo y comienza el masaje.
Me gustó como trabajó la espalda, cuello y lumbares, pero en las piernas flojeó porque no aplicó presión. Me di la vuelta cuando me susurró algo que no entendí y reanudó el masaje por el abdomen, zona inguinal y tomando el pene en su mano me preguntó con gestos que si quería. Le dije que sí, naturalmente, más ella me dio a entender que eso tenía un sobreprecio. Recurrió al traductor del móvil para decirme que tenía que pagarle 20€ más. Aunque le expliqué -traductor mediante- que el final feliz manual estaba incluido, insistía en que no. Así que puse cara de gili y me avine a pagar un extra por algo que, al no haber negociado previamente confiado en lo que había leído, se suponía estaba incluido. Me pedía otros 20€ por chupar, y le dije que no. Me aseguré que se iba a quitar la ropa por lo menos. Le pago y se baja sólo el suje. Le digo que todo, y me dice que no. Insisto con cierta seriedad y accede a quitarse la braguita y la falda, pero dice que sólo mirar, nada de tocar.
Vale, ya vamos viendo. Se sitúa enfrente de mí, alejada. Comienza a pajearme, me lleva mi mano a sus pechos y yo a su abdomen. Me deja acariciarla superficialmente, aunque está tan retirada que apenas alcanzo. La pido que se tumbe a mi lado. Lo hace y cierra las piernas para evitar accesos no autorizados. Insisto un poquito, relaja ese cierre y me animo a bajar hasta su zona genital cubierta de un vello cortito. Las caricias manuales ceden el puesto a las linguales, y parece que no le molesta. Poco a poco se va relajando, aceptando el cunnilingus y se va dejando hacer. Siento que su excitación va aumentando, se agita, levanta y baja su abdomen, me toma de los brazos y acaba explotando. Creo que no era teatro, pero no pongo la mano en el fuego. Tras relajarse unos segundos, tomó el móvil y mediante el traductor me dijo que había tenido un orgasmo, el primero en dos meses.
Luego me tocó a mí. La tuve que ayudar un porque -insisto- se sienta muy alejada de ti, y -salvo con alguna masajista experimentada- si no toco mientras me pajean, no me corro.
Una vez acabé, me disponía a levantarme y me dijo que no, que faltaba masaje. Sorpresa. Masajeó un poco las piernas por delante, que se lo podía haber ahorrado. Pero es justo, quiso agotar el tiempo. No me ofrecieron ducha, ni antes ni después, así que no sé si tienen.
Cuando terminé de vestirme, vino la madame a preguntar qué tal y me condujo a la puerta, no dando opción a que me despidiera de Ana.
Así que chicos, aclarad bien lo que esperáis recibir a cambio del dinero que vais a pagar.
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