Iniciado por Camborio
¡Hola a todos!
Hace un par de días me escribe Eva para decirme que durante el mes de marzo ofrece como promoción la mazmorra gratis, para sesiones de dos o más horas. Como soy hombre facilón, cierro con ella una sesión de dos horas, por 300 euros más suplemento por anal, en La Mazmorra de los Reyes.
Los dos fuimos puntuales, como siempre. Nos abren la gruta y ahí quedamos solos. Charla menuda, ducha reglamentaria. Me enseña sus últimas compras: un flogger y un látigo artesanales, personalizados con su nombre en el mango. Buena cosa. También ha traído su vibrador, tal como le ordené.
No le permito que se vista después de la ducha, la tiendo sobre mis rodillas y le doy una buena tanda de azotes. No recuerdo qué falta me inventé para justificarlo, pero debió ser algo grave porque su suave y blanco culo quedó como un tomate.
A continuación le ordené que permaneciera inmóvil, a cuatro patas sobre la cama. Lubriqué liberalmente su vagina y su ano para jugar con ambos agujeros. La vagina recibió el vibrador. El ano encajó un dedo primero, y dos después. Intentaba moverse la muy perra, pero le ordenaba que estuviera quieta. Lo hizo bastante bien hasta que, en un momento dado, saltó de la cama y se arrodilló en el suelo para expulsar jadeando el squirt más abundante que he visto en mi vida. Casi siempre dudo de si la mujer con la que estoy se ha corrido. Pero esta vez no: Eva se corrió como una perra en celo.
Le permití unos minutos de descanso antes de obligarla a limpiar el suelo de rodillas: si es tan limpia, que se note. Para castigar su falta de autocontrol la até a la cruz de San Andrés, de espaldas, y probé su flogger (excelente) y su látigo (quizá demasiado cruel, para mi gusto). Su espalda quedó gratamente marcada por las líneas del amor BDSM.
A continuación la solté y volví a atarla a la cruz, pero esta vez de frente. Me senté en una silla, abrí los labios de su vagina, la lubriqué y apliqué nuevamente el vibrador. Mientras tanto pellizcaba sus pezones o introducía un dedo inquisitivo por cualquier hueco que quedara disponible. No tardó en volver a correrse, sin pedir permiso ni perdón.
Esto ya resultaba intolerable: la inmovilicé con el culo en pompa sobre un magnífico cajón con argollas, cuyo nombre técnico se me escapa, y procedí a usar alternativamente ano y boca. Cuando liberaba el ano le introducía un dildo lubricado para que lo mantuviera abierto. Cuando la boca quedaba libre la amordazaba. Debo decir que el ano de Eva tiene un calibre excelente: no es demasiado difícil de penetrar pero, cuando estás dentro, sientes perfectamente cómo se contrae en torno al pene. El suplemento que autoriza a usar este delicioso agujero me parece muy justificado.
El tiempo comenzaba a apremiar, así que la liberé de sus ligaduras, la llevé a cuatro patas la cama y me masturbé sobre su pecho, mientras ella lamía sumisamente las joyas de la corona. Por voluntad propia, me corrí sólo una vez en toda la sesión, pero fue la madre de todas las corridas.
Sonrisas. Algún beso y una nueva ducha. Fuimos juntos al metro y ahí nos separamos como lo que en ese momento éramos: dos amantes saciados.
Y esto es lo que os cuento hoy. Creo que volveré a llamarla para aprovechar nuevamente la promoción, mientras aún la mantiene. A ver si hay suertecilla y está libre Rosas Negras.
¡Un saludo cordial!
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