Pronombres personales (Primera parte)
EL
es mi amigo del alma, desde antes que supiéramos leer o incluso hablar. Su problema es que está hueco, vacío por dentro, como yo lo estuve en su momento, hace mucho o poco tiempo, según la escala que queráis utilizar. El tiempo es relativo, hasta que te tocan en la puerta, claro.
Camina al borde del precipicio pero no es consciente del peligro. La vida lo acabará matando mucho antes de que la muerte se lo lleve. No lo sabe, no se da cuenta. Será gilipollas...
Tiene treinta y cinco años, igual que yo, pero no sabe nada. Dos carreras y cuatro idiomas no te preparan para lo que la vida adulta te depara; únicamente te sirven para cobrar algo más de la miseria que recibimos los pringados de a pie a cambio de una esclavitud diaria, de malvender nuestra libertad de pensamiento y de obra, de entramparnos poco a poco en una espiral de consumo sin fin y necesidades nunca satisfechas. Cuanto más tienes, más te falta.
Lo hemos hablado en multitud de ocasiones, de día y de noche, borrachos (sobre todo yo) y serenos. En el bar y en la playa, en el fútbol y el restaurante. En su casa y en la mía. El no aprueba mis acciones, mis excursiones e incursiones con las profesionales del relax. A mí todavía me cuesta llamarlas putas. El nombre da igual. Son mujeres que se te entregan en cuerpo y alma (ni de coña, claro) por horas, como si fueran pistas de tenis en el club que frecuentamos todos los fines de semana. Hoy pagas tú, la semana que viene yo. El no lo ha hecho nunca, no lo hará, dice. Pobre infeliz.
ELLA
siempre me dice que ya no cumple años, que no lo necesita. Lo que no me confiesa es que, en realidad, no lo hace porque no tiene con quién celebrarlo. Vive sola y sabe que se irá sola, pero es fuerte, todavía puede aguantar mucho más. Sin esperanza, en soledad. Ni siquiera sueña o espera un milagro.
Siempre sonríe, siempre está de buen humor, aparentemente. Dudo mucho que nadie, ninguno de sus clientes, amantes de pago o compañeras de trabajo sepan de verdad lo que pasa por su cabeza. Siempre ha sido mejor actriz que cualquier otra cosa. Y ha sido muchas cosas o quizás sólo una.
Hoy puede cambiar su vida pero ella no lo sabe. Ni se lo imagina. Porque aquí es cuando intervengo
YO
el hombre del plan. El loco, el idiota, el bufón. Sí, es un plan absurdo, no tiene sentido, es irracional. Por eso estoy seguro de que va a funcionar y no me crea problemas de conciencia jugar a ser Dios con las vidas de dos personas. Si sale mal, prefiero no pensarlo, tampoco es tan grave.
El cree que le he organizado una cita a ciegas. No sabe que la chica es "de pago". El pago ha corrido de mi cuenta, como os podéis suponer, claro. Me lo puedo permitir y sé que lo voy a disfrutar más que las dos o tres citas que tenía previstas para este mes. Lo siento, chicas. Ha surgido algo más importante. El bolso de Louis Vuitton tendrá que esperar y el alquiler se demorará, señor casero.
Ella ya tiene experiencia en estas situaciones, claro. Es una profesional, es su trabajo. Incluso en un par de ocasiones ha participado en encerronas parecidas en despedidas de soltero y eventos canallas de todo tipo.
Pero...y siempre hay un pero cuando el diablo está presente, lo que no conoce son los detalles y las sorpresas que les he preparado y que comenzarán esta noche. El plan se ha demorado mucho, demasiados detalles, logística complicada y mucho dinero invertido.
¿Y vosotros?
Ya os enteraréis, ¿estáis impacientes?.
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