Magnífica la prosa empleada para narrar estos tres roces casi involuntarios. Estos relatos me han hacho revivir situaciones que también afronté en mi adolescencia. Ahora sí, estoy por creer que la señora del videoclub tenía tantas ganas como tú. Seguro que te pesa no habértela jugado. Yo me arrepiento de mi falta de determinación en una situación parecida.
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