La prostitución ofrece algo genial a cambio de relativamente poco: invertir los roles, que seas tú quien decida cuándo y con quién tener sexo, sin preguntas, sin ataduras, y sin pasar por ningún filtro más allá de higiene , educación y el estipendio acordado. Y eso es algo que, la inmensa mayoría no vivimos habitualmente.
En mis alrededor de 3 décadas de vida, solo he tenido lo que podríamos llamar una follaamiga civil, para decirle sin ningún pudor que me apetecía echarla un buen polvo, o me llamaba ella a mí con las mismas. Hay tipos para los que es relativamente normal este tipo de situaciones, no sé bajo qué estrella nacieron, pero para los demás es algo tan excepcional que solo una prostituta puede emularlo vagamente. Yo no tengo graves problemas para ligar, pero soy un caso perdido, ya que normalmente las mujeres me provocan un tedio insoportable, y no veo rentable ni apetecible el "cortejo". Sonará misógino, pero la inmensa mayoría solo me interesan para llevármelas a la cama. Quizá sea que soy simplemente inconstante y que no me gusten los retos, pero las mujeres con ínfulas de princesita que quieren ser conquistadas me repelen. Aunque, en honor a la verdad, si no existiera la prostitución no me quedaría más remedio que hacer de tripas corazón, o de lo contrario mis relaciones sexuales disminuirían dramáticamente.
Si bien es cierto, cuando me inicié en estos servicios era un nuncafollensis y realmente era una necesidad extrema, ahora lo considero más bien una necesidad epicúrea, pero necesidad al fin y al cabo. No nos engañemos, ningún hombre con unas cuantas mujeres dispuestas a satisfacerle sexualmente sin ataduras pagaría además a una profesional.
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