Las mujeres no están diseñadas para sentir lealtad, compañerismo o camaradería.
Ésos son valores masculinos forjados en los tiempos de las partidas de caza, donde la cohesión y coordinación del grupo es fundamental para la supervivencia; no así para las labores recolectoras, hechas por mujeres.
Bien sabía el poder, que incluir mujeres en las plantillas laborales era la mejor manera de destruir la unidad de los trabajadores.
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