Cita:
Iniciado por janis
Oye, y siguiendo el hilo. ¿Cuales son tus razones para preferir la calle? ¿Es algo racional o emocional?
|
Las dos cosas...
Racional, porque en la calle se puede ligar más, todo es a cara descubierta no hay tantos artificios…
Vas, conversas con una, con otra, las otras chicas ya te están mirando, luego cuando llegas a su jurisdicción, te tiran un carterazo y te dicen, por qué saludas a esa gorda, o por qué vas primero donde ella, etc…
Luego porque las conversaciones son más desagarradas, espontáneas y no tienes la presión del tiempo, ellas si quieren pueden conversar horas contigo. La llevas a un bar te tomas un café con ella, la llevas a dar una vuelta por allí, etc...
Y emocional, porque en La Montera todo nació. Allí tuve mi primer curro, mi primer amor y aunque no lo crean mi primera casa…
Recuerdo cuando llegué aquí a Madrid, de Bs. As., Argentina, huyendo del maldito corralito, sólo tenía 100 dólares que al cambio de convirtieron en 70€, y el número de teléfono de un amigo que nunca respondió a mis llamadas en Barajas…
Un día, después de vagar durante tres días en Madrid, Villa y Corte, me encuentro con un poeta iberoamericano que además de invitarme a comer y a pasar unos días en su cuarto, me llevó a La Montera…
Lo primero que me sorprendió fue el nivelazo de las callejeras… Allí conocí a Aída, mi primer amor. Lo bueno de ella es que me dio mi primer trabajo en España y lo malo, que era casada y nunca me dio esperanzas…
Luego fue Roxana, peque, pelirroja… Es lo mejor que me ha pasado hasta ahora en La Montera, hasta que la deportaron. Por aquella época Rumania todavía no estaba en la CE., con ella incomunicada y con su hermana, hicimos todo lo posible para ayudarla pero no nos dejaron ni siquiera darle una manta o una hamburguesa. Mantuvimos contacto unos meses por teléfono hasta que poco a poco esas llamadas se fueron diluyendo hasta desaparecer…
Fue allí cuando me propuse a aprender su idioma. Las chicas se reían, no me creían, se burlaban… Ahora cuando paso ya no se ríen, hablamos de tú a tú, intercambiamos música en el móvil, me dicen dónde está fulanita, me llaman y me dicen: Adivina quién ha venido, etc, etc…
Bueno, pero eso es otra historia y la mía, no difiere de muchas otras…
Pues siempre he dicho, que la vida de un puto inmigrante está llena de lágrimas y de noche…
Saludos, Santo Oficio