Hace unos meses, al principio de verano, observé una escena curiosa: Una mujer cincuentona, de buen ver, estaba sentada en una terraza con chaval que no creo llegase a los treinta.
Estaban cogidos de la mano y el la miraba totalmente arrebolado y enamorado.
Me quedé mirando, ella se dio cuenta y con vergüenza se soltó de la mano para tomar su copa. El esperó que bebiese y le soltó un beso en los morros y ella me miró como si le preocupase lo que yo pudiese pensar. Y lo que yo pensaba es ¡Que carajo! tenia todo el derecho.
Aunque yo suelo ir con maduritas, hace ya un par de años, me gustó como se defendía una chavala en el foro y fui a verla a pesar de que tenía tan solo 23 años.
Se metió en esto del puterío solo para pagarse los últimos créditos de su carrera, lo que consiguió en unos pocos meses y dejó el puterío. El caso es, que congeniamos, la visité de manera frecuente y cuando lo dejó seguimos viéndonos. Un día en un restaurante caro y conocido, comiendo con ella recuerdo que pedí un Muga crianza. Un señor mayor que estaba solo en la mesa de al lado, me recomendó el vino que estaba tomando él, porque además decía que le iba a gustar más a mi hija. Yo le miré a ella y vi su sonrisa pícara. Me dije ¡ay madre! Y efectivamente pasó. Ella se levantó, se puso a horcajadas sobre mí y me planto una comida de boca, después sonriendo se volvió a sentar. Aquel pobre hombre me miró aterrorizado y no volvió a dirigirnos la palabra, ni siquiera al irse. Yo, dada mi incapacidad congénita para ponerme colorado, parecía mantener el tipo, pero la realidad es que estaba pensando en meterme debajo de la mesa, mientras ella se descojonaba Parece ser que los seres húmanos vivimos como en compartimentos estancos, que solo deben cambiarse según se cumplen años. Infancia, juventud, madurez y lo que viene luego, que no sé muy bien si es senectud o simplemente putrefacción Si quitamos los dos extremos, por donde se cierra el circulo, infancia y senectud (de eso habla la película “el curioso caso de Benjamín Button”) la juventud y madurez son términos absolutamente relativos. Y entre mayores de edad, ¿alguien me quiere explicar, por qué carajo me tiene que gustar las cincuentonas y no las de veinticinco? Y que conste que me gustan las tías buenas tengan la edad que tengan. Y si pagando o sin pagar, una jovencita quiere estar conmigo, ¿a quien carajo le importa?
__________________ La ironía es un arma de la inteligencia. Si hay que explicarla, la hemos cagado
La edad no importa en el amor,especialmente si hay intereses de por medio
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Y falta la difunta Ana Nicole Smith que con 26 años se casó por "amor" con un anciano de 89 pero con 300 millones de dólares en el banco
O los muxos maduros que hace unos años vinieron enamorados de una xica muxo mas joven despues de unas vacaciones en Cuba o República Dominicana
Hace unos meses, al principio de verano, observé una escena curiosa: Una mujer cincuentona, de buen ver, estaba sentada en una terraza con chaval que no creo llegase a los treinta.
Estaban cogidos de la mano y el la miraba totalmente arrebolado y enamorado.
Me quedé mirando, ella se dio cuenta y con vergüenza se soltó de la mano para tomar su copa. El esperó que bebiese y le soltó un beso en los morros y ella me miró como si le preocupase lo que yo pudiese pensar. Y lo que yo pensaba es ¡Que carajo! tenia todo el derecho.
Aunque yo suelo ir con maduritas, hace ya un par de años, me gustó como se defendía una chavala en el foro y fui a verla a pesar de que tenía tan solo 23 años.
Se metió en esto del puterío solo para pagarse los últimos créditos de su carrera, lo que consiguió en unos pocos meses y dejó el puterío. El caso es, que congeniamos, la visité de manera frecuente y cuando lo dejó seguimos viéndonos. Un día en un restaurante caro y conocido, comiendo con ella recuerdo que pedí un Muga crianza. Un señor mayor que estaba solo en la mesa de al lado, me recomendó el vino que estaba tomando él, porque además decía que le iba a gustar más a mi hija. Yo le miré a ella y vi su sonrisa pícara. Me dije ¡ay madre! Y efectivamente pasó. Ella se levantó, se puso a horcajadas sobre mí y me planto una comida de boca, después sonriendo se volvió a sentar. Aquel pobre hombre me miró aterrorizado y no volvió a dirigirnos la palabra, ni siquiera al irse. Yo, dada mi incapacidad congénita para ponerme colorado, parecía mantener el tipo, pero la realidad es que estaba pensando en meterme debajo de la mesa, mientras ella se descojonaba Parece ser que los seres húmanos vivimos como en compartimentos estancos, que solo deben cambiarse según se cumplen años. Infancia, juventud, madurez y lo que viene luego, que no sé muy bien si es senectud o simplemente putrefacción Si quitamos los dos extremos, por donde se cierra el circulo, infancia y senectud (de eso habla la película “el curioso caso de Benjamín Button”) la juventud y madurez son términos absolutamente relativos. Y entre mayores de edad, ¿alguien me quiere explicar, por qué carajo me tiene que gustar las cincuentonas y no las de veinticinco? Y que conste que me gustan las tías buenas tengan la edad que tengan. Y si pagando o sin pagar, una jovencita quiere estar conmigo, ¿a quien carajo le importa?
Cyrano me ha gustado tu relato del restaurante. Digo relato en el sentido de narración, no pongo en duda su veracidad y en todo caso como suele decirse si non e vero e ben trovato.
Yo esta mañana vi a una rubia guapísima no mayor de diecisiets o dieciocho con una falda plisada y me estaba preguntando si llevaba uniforme de colegio cuando me devolvió la mirada con una sonrisa de inteligencia que parecía decir: eres un pervertido y lo sabes. Hacía una bonita y soleada mañana y yo la miraba pensando: por fin alguien que me comprende.
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Señor, hazme casto, pero no todavía. (San Agustín)