A mi la mayor putada fue la de darme por teléfono una dirección errónea a propósito. Por lo visto, a alguna despechada se le ocurrió que la forma más brillante de vengarse de su ex era citar a los puteros a las puertas del piso del susodicho. Hasta estuve hablando con el comprensivo hombre, que me abrió la puerta resignado.