La verdad es que lo de esta tía no tiene desperdicio. Supongo que habréis leído la última ocurrencia de Bibiana Aído, nuestra inenarrable ministra de Igualdad (o igual da, que diría el facha de Antonio Burgos): distribuir, en 13.000 bares, cafeterías y restaurantes, cinco millones, cinco, de posavasos con horribles monigotes (caricaturizando el perfil putero como ser asqueroso, feo, friqui y sociópata) lanzando mensajes anti-puteros del calibre de: "«Si ella no estuviera amenazada y hablara, ¿qué me diría?», «No es divertido ser cómplice de los proxenetas. Prefiero tener sexo con mujeres tan libres como yo» y otras lindezas. ¿Es lícito gastarse, en plena crisis, unos cuantos cientos de miles de euros en semejante parida llena de tópicos y lugares comunes?
Si alguien se anima, no estaría mal crear unas pegatinas con dibujos de prostitutas despampanantes y pijas y lemas estilo:
"Me gusta el sexo y el lujo, así que me he metido a prostituta porque sí".
"Gracias a mi trabajo, me he pagado mi carrera universitaria y un par de masters".
"Proporciono fantasías y placer a hombres encarcelados en una gris existencia. Soy su hada madrina y me adoran".
"Gracias a mis artes amatorias, he mejorado la relación de pareja de muchos hombres faltos de imaginación y morbo".
"No soy esclava ni chantajeada ni traumatizada ni embrujada. Sólo, una mujer libre"
E incluso:
"Soy puta y mi coño lo disfruta, ¿alguna objeción, señora ministra?"
Y, por supuesto, pegar dichos adhesivos en alguna parte de los carísimos modelos que se gasta la Bibi gracias a ocurrencias tan brillantes como ésta. Venga, ¿cuál será la
próxima campaña acojonante?