Re: Pensamientos del día
- ¿A qué no adivinas que voy a tener entre mis tetas esta noche? -me preguntó ella con cara de morbo mientras humedecía sus labios con la lengua
-No lo sé, pero sí sé lo que tienes ahora
-¿Ahora? -preguntó extrañada- ¿Qué es lo que tengo ahora?
- El ombligo, le dije.
- ¡Cabronazo! - exclamó, dando media vuelta y marchándose.
Quedé solo y pensativo. Está claro que los adivinos no tenemos suerte con las mujeres.
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Yo soy bastante inseguro en todo caso y lo soy en todos mis asuntos; de modo que me limité a decirme, como tantas otras veces, que ésa era su gran ventaja sobre mí. Su intuición. Pues era de su intuición que surgía toda su seguridad. Y por eso era tan genuina y de espíritu tan despierto. Porque no estaba sobrecargada por las tradiciones de un mundo vetusto y sumido en sí mismo como lo había estado yo toda mi vida (La historia de mi mujer, de Milán Füst)
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