Un sicario mató a la Lumi testigo clave de una red de prostitución en Tarragona
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Asesinato a sueldo de una testigo de cargo
Un sicario mató en Brasil a la testigo clave de una red de prostitución en Tarragona. El asesino afirma que el cabecilla de la trama española ordenó su muerte
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Letícia Peres Mourão
temía por su vida. Tenía 31 años y llevaba largo tiempo ejerciendo la prostitución en España para costearse la vida. Regresó a Brasil en diciembre de 2008 para reencontrarse con su hijo de 12 años y alejarse un tiempo de un país en el que decía recibir amenazas constantes por haber denunciado a un proxeneta español. "Si algún día me pasa algo, ocúpate de mi hijo como si fueras su madre", le dijo a la esposa de su ex marido. Tres meses después recibió un tiro en la cabeza.
La mujer había trabajado en un burdel de Tarragona en el que las meretrices eran obligadas a hacer hasta 40 servicios sexuales al día y apenas podían salir del piso en el que se prostituían. Sólo aguantó 10 días este régimen, y denunció al dueño del piso. Éste, según la fiscalía de Tarragona, controla una red con varios locales y está acusado de siete delitos de proxenetismo por los que la justicia pide 28 años de cárcel.
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"Lúcio Flávio declaró ante la policía que la orden de asesinar a Letícia vino de España", explica Leite Borges. "También sabemos que ella había denunciado a Miguel Arufe (Antonio). Hicimos la relación más lógica entre los dos elementos, investigamos con los amigos y conocidos de Letícia y nuestras sospechas lo apuntan como autor intelectual del crimen. Ella estaba testificando contra él en un proceso judicial, y contra Carolina Jiménez. Tenemos las declaraciones de Letícia ante la policía española y algunas copias del proceso contra Arufe en Tarragona. El sicario fue contratado por un tercero, Clénio, que es la conexión brasileña de la persona que encargó el crimen. Existen indicios que conducen a Arufe".
A pesar de esta denuncia pública, el fiscal no lo ha procesado. Ve problemas para hacerlo porque, entre otras cosas, no cree factible que España acepte la extradición de uno de sus nacionales a Brasil para que sea juzgado. La solución del caso, sea quien sea el culpable, pasará por la cooperación judicial y policial entre los dos países.
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La primera vez que hablaron por teléfono, Antonio (Miguel Arufe) la avisó de que sus condiciones de trabajo eran muy duras, según la declaración de Letícia. Tendría que estar disponible 24 horas al día, aceptar a cualquier cliente y pagar 200 euros de fianza que sólo recuperaría si trabajaba al menos 21 días en el piso-burdel. Dispondría de dos horas al día para dormir y sólo cuando estuviera muy cansada podría ir al piso de abajo a descansar cuatro o cinco horas más.
Letícia aceptó y se fue a Tarragona. Empezó a trabajar en el segundo piso de la calle del Gasómetro, número 38, en el centro de la ciudad. Cobraba 25 euros por un cuarto de hora de sexo. Se quedaba con 15 y le daba los otros 10 a Arufe. Si el trabajo era más largo, se repartían las ganancias a partes iguales. Una nigeriana de 25 años que se hacía llamar Ana (su nombre real es Evelyn Odigie) era la encargada de la casa. Cobraba a las chicas, pero sobre todo les ponía multas. Las mujeres tenían permiso para salir de la vivienda sólo 45 minutos al día. Por un minuto de más debían pagar 20 euros. Si rechazaban a un cliente, otros 20. Si se quedaban dormidas, 20 más. Si bajaban a la cafetería de abajo, otro billete azul de sanción.
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Otro hombre, José López Gallardo, de 43 años, vigilaba que los clientes no causaran problemas, controlaba los servicios y gestionaba el traslado de las chicas de piso en piso, según las declaraciones de las mujeres ante la policía. Varios rumanos hacían labores de seguridad. Con ella trabajaban otras nueve chicas, todas brasileñas y en situación irregular. Si la policía acudía al piso por cualquier motivo, se descolgaban por la ventana y saltaban al patio del primer piso, también de Arufe. La policía subraya que a cada registro del piso las mujeres sujetas a prostitución se les escapaban por el tragaluz.
Arufe tenía al menos tres burdeles más en otras tantas calles de Tarragona: en Estanislao Figueras, 53; Gobernador González, 11, y Ramón y Cajal, 34. Todos separados por pocos centenares de metros y alquilados a nombre de Miguel Arufe Martínez o Carolina Jiménez Villalba. En Vilanova i la Geltrú (Barcelona) estaba el quinto local.
Los anuncios de los prostíbulos, que siguen publicándose a diario en la prensa local, evidencian la marca del grupo: en todos ellos se publicita a bombo y platillo que las chicas sólo cuestan 25 euros y atienden a cualquier hora del día. La vinculación entre estos locales es evidente, sostiene la policía: Arufe y su mano derecha se mueven continuamente de uno a otro transportando bolsas y mujeres. Cuando un local estuvo en obras, un letrero en la entrada especificaba que las chicas atendían temporalmente en otro de los pisos de la red. Cuando concluyeron las reformas, un cartel anunciaba: "Abrimos a las 19.00 h". Sobre las ocho de la tarde de ese día, varios agentes vieron a Arufe salir del inmueble para cambiar el rótulo por otro: "Abrimos a las 22.00 h".
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El juicio, que ha quedado desprovisto de una testigo esencial, aún no tiene fecha para celebrarse. Los burdeles siguen funcionando a toda máquina y los ingresos que obtienen sus dueños sólo se ven amenazados por la crisis económica. Ninguno de los imputados está en prisión preventiva. Nadie ha pedido su cierre cautelar. La fiscalía de Tarragona alega que esta medida sólo se solicita "en casos extremos".
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"Por favor, no se lo expliques a la señora", suplica una de las chicas, joven y morena. "Si saben que no follamos, tendré que pagar multa", añade calcando el testimonio de Letícia. Los distintos inmuebles siguen pautas similares: la mayoría están dispuestos en edificios viejos de dos plantas. En la de arriba, el negocio; abajo, los vigilantes. Mucha discreción y ninguna señal en la entrada. Basta con mantener el portal siempre abierto y una oferta insuperable. "Aquí trabajamos todo el día, 24 horas, pueden venir siempre que quieran", repite con sonrisa forzada la encargada del piso. Los horarios también casan con la declaración de la testigo asesinada de un tiro a bocajarro.
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La fachada del burdel de la calle del Gasómetro lució hasta el pasado verano la placa de una ONG: Andando sin Fronteras. Nunca llegó a registrarse como asociación por defectos de forma, pero una portavoz de la Generalitat confirma que se intentó inscribir como tal. La ONG pretendía dedicarse, entre otras cosas, a "impulsar las relaciones internacionales entre miembros y asociaciones afines". Una nómina falsa de Andando sin Fronteras sirvió de aval a Arufe para alquilar el piso que funciona como prostíbulo en la calle Gobernador González.
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"Letícia no tenía miedo de nada", afirma uno de sus mejores amigos. "Era fuerte y guapa como Marilyn Monroe y hacía lo que quería. Por eso denunció. No le pareció bien lo que hacía Arufe". Su perfil en Orkut, la red social más popular de Brasil, todavía está abierto. Aún puede leerse la descripción que Letícia hizo de sí misma: "Una mujer con mucho amor por la vida". Le gustaban mucho las películas de terror. La policía brasileña sigue investigando. El burdel en el que ella trabajó, junto a los otros siete vinculados a Arufe, también sigue atendiendo clientes. 24 horas al día.