Descubro a Lisa
Me he llevado una grata sorpresa con Lisa, a quien no conocía pero que, tras mi visita de hace unos días, no dudo que volveré.
Recibe muy cerquita de Plaza Elíptica, en un primer piso de un bloque de viviendas. Nada más llegar, me conduce a la habitación donde pide que me desnude, previo abono de los 40 euros que va a durar la media hora. Mientras me quito la ropa, me observa con las manos en la espalda, curiosa y paciente. Viste un ligero vestido azul primaveral, que le llega a la rodilla. Debajo, no lleva nada. Tiene todo el tiempo la mascarilla puesta, pero adivino en sus ojos ovalados una mujer hermosa de cara, recortada por una melenita que le llega hasta los hombros.
Me conduce al baño, pero no ofrece zapatillas desechables sino unas de goma, de andar por la piscina, que habrán utilizado otros clientes. Eso y que no cambia las sábanas son los dos inconvenientes que veo en cuanto a la higiene. Por lo demás, todo está limpio y bien ordenado.
En el bidé ella, de cuclillas, me lava los genitales y el pene. Me seco con una toalla blanca y limpia. Pasamos a la habitación y pretende ponerse a follar, pero yo le insisto que primero quiero un masaje.
Accede. De espaldas me hará un masaje chino que va a sorprenderme por su técnica y buen hacer. Emplea los dedos, la palma de la mano y el antebrazo; se ayuda de una toalla en ocasiones. Una delicia.
Al darme la vuelta, se quita el vestido y se echa a mi lado. Un cuerpo bonito donde destacan sus generosos pechos, cuyos pezones se despiertan nada más tocárselos con la lengua. No busco sus besos porque adivino que ella tampoco los pretende dar y no quiero que se sienta incómoda. De hecho, hasta este momento ha llevado la mascarilla todo el tiempo; claro que cuando le pido que me la chuque se la quita, y veo una carita redonda, risueña y que no aparenta la edad que dicen por aquí que tiene. Yo no le echaría más de treinta.
Antes de metérsela en la boca, me pone el preservativo. No le digo que me gusta mejor a pelo. Le dejo hacer. Tras un rato chupándomela (no lo hace mal, la traviesa), y como tengo muchas ganas, le pido que me cabalgue. A horcajadas se la mete y desde abajo la comienzo a bombear durante unos minutos. Para que guarde el equilibrio con las cometidas que le estoy dando, le agarro las manos fuertemente.
Ella jadea unas palabras en chino que no entiendo; pero me da igual. Observar cómo sus tetas se mueven al ritmo que le estoy dando, me excita. Sin dejarla de penetrar, le cojo de las caderas y la vuelco sobre la cama: ahora yo arriba y ella debajo. La embisto un rato más, y me corro.
A quien le guste hablar con una chica antes de follársela, Lisa no es la más adecuada, pues apenas entiende español; pero, excepto esto, me parece muy recomendable, más si estáis esperando también un buen masaje.
Espero que los siguientes encuentros, mejore su implicación.
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