Hola!
- Nombre de guerra de la lumi: Milla o algo así
- Nacionalidad: China, de China no Taiwan
- Forma de Contacto: Teléfono, 687164128
- Hilo profesionales:
- Web profesional:
- Fecha aproximada: principios de mayo
- Lugar: María Díaz de Haro (no Atxuri), en un antiguo club
- Instalaciones: Bien, pero la entrada es de lo más indiscreto
- Higiene: Mal
- Precio:60 media hora, 100 hora
- Edad: imposible saberlo, pero no era mayor.
- Cara: Oriental, pero extraña
- Pelo: Largo, bonito, color caoba.
- Cuerpo: Pequeño, normalito
- Pecho: Pequeño, pezones ricos
- Culo: normalito
- Piercings y tattos: ninguno
- Defectos corporales: no, pero la txabala no tiene curvas... cuerpo bastante plano
- Actitud: buena
- Conversación: escasa
- Besos: si, con lengua, los que quieras
- Fuma: no parece
- Francés: bien, pero flojo
- Forniqueo: se mueve, pero nada de caña
- Griego: ni idea
- Lo mejor: la actitud, mucha sonrisa.
- Lo peor: la entrada/salida del local.
- ¿Repetir? Yo no
- ¿Recomendable? No
- Valoración global de la experiencia: 4.
Relato:
Nunca había estado con una oriental, así que decidí probar (quería ver si me tocaba una que diera esos gemiditos que oigo en internet, jejeje).
Llamo al teléfono y me atiende una oriental con voz madura, en perfecto castellano. Pregunto lo que me interesa (francés sin y hasta el final), y me explica todo bien. Cerramos cita y para allí que me voy. Conocía el local de toda la vida de pasar por delante, pero nunca lo había visitado. No tiene pérdida, en la puerta pone bien claro: sauna privada o club privado o algo así... Me costó entrar ya que es super super indiscreto, tuve que pasar varias veces por delante ya que siempre había alguien pasando por la acera, que encima ahora está en obras y es más estrecha. Ahí no hay duda, el que te vea entrar o salir sabe a lo que vas. Al entrar puedes esperar que no haya moros en la costa, pero al salir... te puedes encontrar de frente con cualquier conocid@ (es una zona muy transitada), y a ver cómo te explicas... Solo por eso no repetiría.
Entro y me encuentro un recibidor amplio, con dos mujeres mayores a modo de recepcionistas. Una de ellas era la que atendió mi llamada, la otra me pregunta qué me gusta, etc. Llama a las txabalas y aparecen tres chicas, las tres orientales, ligeras de ropa. A decir verdad, ninguna de las tres me motiva (la foto del anuncio es falsa por cierto, aunque eso ya lo tenía claro antes de ir). Una de ellas no me parecía guapa de cara, otra parecía una tabla, poco proporcionada, así que me voy con la que me sonríe más... Respecto a la edad, imposible hacerme una idea, no eran jovencitas pero tampoco muy mayores...
Pasamos para adentro, habitación amplia, llena de espejos (mola el del techo), con bidé y jacuzzi con ducha (sin gota de agua, muy seco, era viernes por la tarde y aparentaba no haberse usado todavía, no me dio buen rollo). Pido ducharme antes pero la china me dice que mejor luego, que use el bidé. Hago caso y me lavo bien todo aquello, después se lava ella pero no mucho y rápido. Tenía entendido que las orientales son de pulcritud extrema, pero en este caso no ha sido así.
Nos ponemos al lío, empieza con el francés, suave y lento, me gusta que empiecen así y que vayan subiendo el ritmo, pero sigue así todo el rato, correcto pero flojo. Pasamos al folleteo, estando arriba ella se mueve bien pero es todo como muy mecánico, decido ponerla en cuatro, pero craso error! ahí se fastidia todo, me empieza a venir un olor muy fuerte no precisamente mío (esa postura siempre delata), y se me corta todo el rollo. Me tumbo de nuevo, me desenfundo y la digo que vuelva al francés. Empieza a alternar el francés con la mano, y yo decido concentrarme en mirar su cuerpo a través de los espejos, que eso suele darme morbo. Cuando finalmente me corro, justo al principio, se aparta y me suelta el cimborrio... qué bajón, paja arruinada, decepción total... no me quejo por educación, pero nota el chasco, de modo que intenta compensarlo dándome un masaje y sonriendo mucho. Me dejo hacer hasta que cerca de acabarse el tiempo, me ducho y me visto.
Al salir, encomiendo mi suerte a la poca privacidad que me da la mascarilla y confiando en que no pase nadie conocido, me voy para no volver.