Cita:
Iniciado por Libros
En lo que dices relativo a Anita Tattoos, estoy de acuerdo en que es un desastre que se opere, no lo necesita para nada, es una enorme metedura de pata. Estoy por pasarme a verla e intentar convencerla de que ni se le ocurra hacerlo.
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-Hace años, que no hablo con una mujer, sin pagarla o para darle el dinero mensual que le corresponde. Pero, o las mujeres han cambiado mucho o yo creo, que vas a quemar combustible y perder tiempo.
-Hay una chica del polígono, que me pide: que no cierre los ojos cuando está trabajando conmigo, que la mire a ella, que soy un cabr@n y que me estoy acordando de otra.
Ellas también tienen que aguantarme. Por dinero; mi música, mis malos rollos, mi barriga y mis cicatrices. Como me molaría que escribiesen ellas.
Efectivamente, como cojones voy yo a enjuiciar a nadie. Y mucho menos cuerpos casi perfectos, comparando con el mío, que no valdría, ni para la casquería. Solo por jugar a ser dios diez minutos, por 20 euros.
O, como este domingo pasado que una gitana jovencita, no quiso venir conmigo, ella misma. Un sitio menos donde parar, que, además, está en mal sitio para cogerla. Pero ni en el polígono me quieren con dinero por delante. Pero quien coño, soy yo para juzgarla.
“Si yo fuera Dios ¡Nunca podría ser Dios!
Me marcharía al otro lado de la noche.
Cansado de mí, cansado de Dios
cansado de hacer sufrir, de vivir
y más que nada, cansado de estar solo.
Si yo fuera Dios y tú me pidieras mi vida
¿Quieres saber lo que haría?
Fíjate lo que te digo, escucha, mira,
que sin dudar ni un momento, te juro por mí,
te juro por Dios, que te la daría.”
Los suaves
-La moda de la silicona y la tinta de los tatuajes definen muchas cosas de este mundo. Supongo que ellas, lo deben tomar como una inversión de un activo de producción. Sin darse cuenta: que hay cosas; que te dicen todo esta mañana, pero esta tarde, serán mudas.
En tiempos, el pendiente en la oreja izquierda o los tatuajes, eran síntoma de rebeldía. De gentuza de mal vivir, decía mi Madre y las marcas y divisas para el ganado, con ese olor que despiden los borregos cuando saben lo que son.
“En mi experiencia durante varias décadas trabajando con toda una variedad de seres humanos, demasiadas personas toman la decisión de ser miembros anónimos del rebaño, sufriendo así del remordimiento interno que los hace sentirse fracasados, llenos de conflictos y resentimientos y preguntándose cuál es el significado de sus vidas.”
Wayne W. Dyer