Nombre de la chica: Natalia.
Fecha de la experiencia: Hace unas semanas.
Lugar: El piso de la chica, por Atocha.
Teléfono: 657122185.
Nacionalidad: Rusa (pero muy rusa de la Rusia).
Edad: En torno a 50 años (por cálculos hechos gracias a datos de ella que hay en este foro y porque, aunque a primera vista parece más joven, luego ya de cerca pierde bastante).
Tarifas aplicadas: Me cobró 70 € por media hora.
Físico: Es una mujer de estatura media. Delgada y depilada. Piel bronceada y rubia (media melena con flequillo, con pinta de teñida). Se le nota la edad en la cara y en las estrías de algunas zonas de la piel. Pechos medianos operados y culo grande.
Contacto: [Sólo los usuarios registrados pueden ver los enlaces e imágenes. ]
Higiene: Bien.
Francés sin: Sí, pero se cansa rápido y te enfunda.
Francés completo: Sí.
Griego: No.
Besos en la boca: Picos (y tienes que buscarlos).
Fuma: Ella no olía pero la estancia tenía un cierto regusto a tabaco.
Implicación: La justa. No se esmera en los preliminares y es bastante relojera.
¿Chica recomendable?: No mucho, la verdad.
¿Repetirías?: No.
Lo mejor de ella: En el fondo, no se la ve mala persona.
Lo peor de ella: Es bastante mayor, relojera y politiquea sin venir a cuento.
Siempre tuve curiosidad por conocer a Natalia. Llevo casi diez años leyendo experiencias con ella y muchas de ellas eran lo mejor de lo mejor así que, animado por ese panorama, me decidí a pedirle cita.
Concierto cita con ella y, el día y hora en cuestión, me presento en su piso. Primer punto negativo: le digo que me diga el piso para subir y me dice que faltan dos minutos. Ahí ya me di cuenta que era relojera.
Subo al piso, me abre y, de primeras, me gusta lo que veo. Le pago, me desnudo, me trae una cerveza y me voy a la ducha. Otra pega: me da unas chanclas multiusos (chica, si cobras 70 pavos la media hora teniendo, además 50 tacos, qué menos que unas desechables).
Vuelvo, me acerco a ella, e intento tocarla. En la calle hacía mucho frío y, a pesar de la ducha, todavía tenía las manos frías. Pues bien, al ir a tocarla da un respingo por mis manos frías y me manda calentarlas. Las caliento en una estufa que tiene pero, a pesar de ello, se hace la remolona.
Me manda tumbarme en la cama y empieza a chupármela. No la chupa mal pero se cansa enseguida. Me enfunda con la boca y se pone encima. No lo estaba haciendo mal pero se cansaba y me pide hacer misionero.
El misionero tampoco mejoró las cosas. No se ponía en una postura cómoda (aparte de que verle la cara de cerca me recordaba a Raffaella Carrà y me bajaba el calentón). Le digo que me la chupe y, a duras penas, consigo correrme en su boca.
Se va a limpiar y yo me voy vistiendo. Vuelve y empezamos a hablar del tiempo. De repente me salta que si en Rusia no adoran ídolos, que si la OTAN, que si Washington, que si no ve la tele española... Vamos, una chapa pro-Putin innecesaria, que le resta lo bueno que tenga.
Ya vestido me acompaña a la puerta, me da un pico y me voy. Mi conclusión: Natalia tendrá sus fans todavía, no lo dudo, pero hoy por hoy no es más que una madura en la cincuentena que va de diva y vive del pasado. A los que les vaya ese rollo, allá cada uno. Yo, desde luego, a 40 la media hora me lo pensaba pero a 70, ¡ni de coña!
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No soy griego pero también hago un buen yogur.
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