Es como cuando vas a ver una película de la que todo el mundo te cuenta maravillas, siempre hay algo que te decepciona.
Me había creado grandes expectativas con esta chica y hacía tiempo que tenía pensado conocerla.
Ahora que se ha trasladado a la zona de Plenilunio me era más fácil y cerré rápidamente la cita por la tarde.
Llego al portal la llamo y solo me hace esperar 5 minutos para subir.
Me abre la puerta y me da dos besos. Es una chica muy atractiva de cara, no es un bellezón, pero me pareció muy agradable.
Lo primero que me extrañó un poco fue esa risita tonta que tiene al terminar las frases. No es porque diga algo gracioso sino porque es como una coletilla que tiene ella. Reconozco que me puso algo nervioso.
El apartamento está
prácticamente nuevo. Cama grande y cómoda en el dormitorio con su correspondiente armario con puerta corredera de espejo.
Baño muy limpio y bien de dimensiones.
Me ofrece Bárbara algo de beber mientras me desnudo y pasamos a la ducha.
Me comienza a besar y allí empezó mi decepción.
Es cierto que te besa sin parar con lengua pero es que te la mete hasta el fondo y ya no te deja maniobrar. Es que como si te sujetase los brazos para que no pudieras tocarla a tu gusto. Cada beso acababa enseguida igual y yo no podía seguir besándola a mi antojo.
Bárbara me enjabonó bien y me aclaró, cuando me disponía a hacerle lo mismo me dijo que pasásemos a la cama. Pensé que ella ya se habría lavado antes de llegar yo.
En la cama volvemos a los morreos de aguijón y prefiero pasar a acariciarle y comerme esos pechitos preciosos que tiene. Comienza a emitir gemiditos complacientes. Me voy poniendo cachondo y me bajo a besarle ombligo, caderas y muslos.
Cuando comienzo a lamerle el coñito noto cierto olor un pelín desagradable, lo identifico enseguida como de no habérselo lavado completamente, no de otra cosa.
Me molesta sí, pero no lo suficientemente como para parar ya que me encanta hacerles el cunnilingus. A ella parece que le encanta y por sus movimientos de caderas y pelvis parece que llega hasta el final.
A continuación llegó lo bueno. Aquí sí que he de reconocer que Bárbara hace un francés sublime. Sin usar nada las manos. Bien salivado y dominando los ritmos. Lo hacía tan bien que decidí dejarme ir y acabar con un orgasmo muy intenso y placentero dentro de su boca.
Además, esperó que yo echase hasta la última gotita (que es uno de los momentos más agradables de la eyaculación) para ir al baño a escupir.
A continuación, una corta charla en la cama y ya se nos hizo la hora.
Bárbara no es nada relojera y no me dijo nada, fui yo el que le comentó que me había pasado de la hora (120€).
Despedida y adiós.