Darlyn 664270900
Nombre: Darlyn
Edad: Unos 19 o 20 años, cuerpo de teen total.
Contacto: 664270900
Tarifa: 150€/ hora
Zona: Prosperidad, cerca del metro. Un piso austero pero correcto, nada de lujos pero limpio y ordenado. Barrio tranquilo, sin porteros molestos.
Instalaciones: Piso normal, la habitación justa pero con cama amplia. Baño pequeño pero con gel y toallas limpias. Sin lujos, pero vas a lo que vas.
Higiene: Bien. Ella huele a limpio, la casa también. La chica se nota que se cuida.
Cuerpo: Blanquita, de piel fina. Pelo castaño, liso o con onda suave. Ojos grandes, de color pardo, de esos que te miran y te comen. Muy joven, cuerpo de adolescente todavía: delgada, sin curvas exageradas, pecho pequeño natural, culo pequeño pero redondo y firme. Nada de tatuajes gordos que yo viera. Mide sobre 1,60 quizás, menuda.
Cara: Muy mona. Esa cara de buena chica que luego en la cama se transforma. Los ojos grandes son su fuerte.
Actitud: De sobresaliente. Me dio un trato en plan pareja, nada de fría ni mecánica. Besos apasionados desde el minuto uno, se dejaba hacer y devolvía. Se implicaba, gemía bajito, te agarraba fuerte. De verdad parecía que le gustaba.
Lo mejor: El trato de novios, la juventud natural, que disfruta con el sexo y se nota. Besos de verdad.
Lo peor: El piso es austero, no esperes un loft premium. Tampoco es una súper modelo de curvas, es una teen tirando a delgada. Y no deja terminar en la boca ni en la cara.
Francés: Natural, según higiene. Ella lo mira y si está todo bien, sin problema. Lo hace con ganas, no es de esas que se limitan a estar quietas.
Repetiría: Sí, sobre todo por el trato. Hacía tiempo que no me sentía así con una cita.
Recomendable: Muy recomendable si te gustan las jovencitas naturales y con buen rollo.
Nota: 9/10
Relato
Llegué a Prosperidad una tarde entre semana, después de hablar con Darlyn por WhatsApp. Respondía rápido, con mensajes cortos pero sin malas formas. Quedamos a una hora, llegué puntual y me abrió ella misma. Nada más verla me quedé con esa mirada. Ojos grandes, pardos, Pelo castaño, cara de buena chica, muy joven.
El piso es austero, eso hay que decirlo. Un pasillo estrecho, muebles viejos, pero todo limpio y sin olores. La habitación tiene una cama de matrimonio, una mesilla y poco más. Pero con lo que había dentro me bastaba.
Empezamos a hablar un momento sentados en la cama, pero duró poco. Ella se acercó y me besó. No fue un pico cortés, fue un beso de esos con lengua, con mano en la nuca, con intención. Me gustó porque no lo esperaba. Muchas veces las chicas más jóvenes son más frías o están a la defensiva, pero ella no. Se pegó a mí como si fuéramos novios.
Nos fuimos desnudando poco a poco, entre beso y beso. Al verla sin ropa me pareció una cría, pero en el buen sentido. Piel blanca, pecho pequeño con los pezones ya duros, culo pequeño pero redondo, sin un gramo de más. Se tumbó boca arriba y me dijo que me pusiera cómodo. Ahí fue cuando empecé a bajar a besarle el cuello, los pechos, la tripa, y ella se retorcía y soltaba suspiros. Le hice el oral y lo disfrutaba de verdad. Movía la cadera, me agarraba por el pelo, gemía sin vergüenza. No estaba fingiendo, eso lo nota uno.
Después ella bajó a hacerme la francés. Natural, sin asco, mirándome de vez en cuando con esos ojos grandes. Alternaba con lametazos por el tronco y besos en los huevos. Muy rico, la verdad. Se puso el preservativo ella sola, con soltura.
Luego vino lo bueno. Probamos varias posturas y en todas ella se movía. Primero ella arriba, de frente. Me gustó porque apoyaba las manos en mi pecho y se movía en círculos, no solo arriba y abajo. Sentía su coño apretando y ella cerraba los ojos y echaba la cabeza atrás. Las tetas pequeñas rebotaban poco pero ella se las tocaba sola. Después la puse a cuatro patas. El culo pequeño pero redondo se veía muy bien desde atrás. Agarré sus caderas y entré despacio, y ella empujaba hacia atrás cada vez que yo empujaba. Así un buen rato, acelerando y frenando a mi ritmo. Ella gemía frases sueltas, nada de porno, cosas como así sí o más fuerte.
Luego probamos de lado, en cuchara. Esa postura siempre es más íntima, y con ella se disfrutó mucho porque me agarraba la mano que le sujetaba el pecho y la apretaba. Terminé así, después de unos minutos intensos. Le pregunté si podía correrme en el cuerpo y dijo que sí, pero no en la boca ni en la cara. Me quité el preservativo y terminé en su tripa. Ella se quedó quieta un momento, luego fue al baño y volvió con una toallita para limpiarme.
Nos quedamos un rato más tumbados, hablando de chorradas. Se vistió con una sudadera, me dio un beso largo de despedida y me acompañó a la puerta. Salí a la calle con una sonrisa tonta. Darlyn es joven, natural, y lo mejor de todo es que te trata como si le importaras. Por el precio que pide, que imagino será el estándar de la zona, me parece una joya. Repetiré seguro.
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