Quería compartir con vosotros que hace poco que quedé con Diana y me hizo sentir como si volviera a tener 19 años. Muy dulce y elegante, con una cara simplemente preciosa, con ojos grandes y rasgos europeos. De cuerpo, simplemente deliciosa, para comérsela, bien depilada y la piel fina, suave y delicada.
Eso en cuanto a ella, que ya veis que físicamente era muy de mi agrado, es una chica abierta, en todo momento estuve cómodo y me dejé llevar como si fuera una novieta del insti. Besa de forma natural, como si fueras un rollete de una noche, por supuesto siempre con lengua. Acaricia, te busca la polla y a la que puede si no lo has hecho tú ya, te la saca del pantalón y se pone a jugar con ella. O al menos es lo que me hizo a mi. En cuanto arreglamos los temas económicos me pasó los brazos alrededor del cuello y me besó. Le puse las manos en la cintura y le devolví el beso... estoy muy acostumbrado a bajarla las bragas a una completa desconocida y comérle el coño entero, pero me sentí hasta extraño besando a una chica con ropa en los labios... no en plan mal, en plan "joder, hacía tiempo que no hacía esto". Cerré los ojos pensando en relajarme, dejarme llevar y reflotar esa sensación adolescente. Nos sentamos en la cama, y al poco acabé tumbado, su mano no sé como dentro de mi bragueta y poco después masajeando mi polla.
No quise ser menos y comencé a desnudarla, el rollo adolescente duró poco más, lo que tardó mi polla en estar tan a gusto dentro de su boca mientras yo jugueteaba con mis deditos entre sus labios vaginales y me deleitaba con el olor de su flujo. No tardé en correrme, ni me molesté en avisarla más que con unos cuantos bufidos y lo recogió todo en su boca sin problema.
Se fue al baño a limpiarse y cuando volvió me encargué de devolverle el favor enterrando mi lengua entre sus labios para saborear ese coñito que me había puesto tan a mil sólo con su olor. No sé qué tenía, pero el chorro de feromonas de su entrepierna hizo que se me pusiera dura de nuevo en cuestión de minutos. Me palpitaba de tal manera que no pude ni acabar de comérselo, tuve que enfundarme para dar rienda suelta a las ganas de penetrarla hasta el fondo. Cambió rápido los gemidos suaves de mi lengua sobre su clítoris por unos más profundos de mi polla entrando en ella. Se mostró en todo momento complaciente pero activa, me miraba a los ojos y si acercaba mi boca, me besaba. Si me separaba, su mano se posaba sobre mi vientre y me acariciaba. Si podía, me rodeaba con sus piernas. Y en todo momento acompasaba su movimiento de cadera al mío para hacer que la penetración fuera todo lo profunda posible.
Para mi, polvazo en toda regla. Ella me puso a mil casi sin pretenderlo y además acompañó mi lujuria con una implicación muy notable.
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