Muy buena opción por Moncloa
Nombre de guerra: Melisa
Nacionalidad: Cubana
Forma de Contacto: 742005308 (Whatsapp)
Fecha aproximada: última semana de abril 2026
Lugar: Calle Princesa, pero no el 3D, un poco más arriba casi llegando a El Corte Inglés. Edificio con portero, subes y ya.
Instalaciones: Piso compartido, la habitación tiene colchón en el suelo y ducha ahí misma. Sin lujos pero funcional.
Higiene: Bien, toallas limpias, ducha correcta. Sin quejas.
Precio: 100 la hora.
Edad: 25 años, aparenta los que tiene.
Cara: Guapa, la de las fotos. Mirada cubana de esas que enganchan.
Pelo: Negro, largo y liso.
Cuerpo: Está buena. No es una modelo de pasarela pero tiene curvas en los sitios correctos. Carne dura, de la que gusta agarrar.
Pecho: Grandes, naturales, muy ricos al tacto.
Culo: Bien puesto, redondo, culazo de latina.
Piercings y tattos: Varios, a mí no me molestaron. Le dan un punto macarra que está bien.
Actitud: Muy buena. Atenta y simpática.
Conversación: Bien, hablamos de todo un poco cuando tocaba. Acento cubano suave, agradable.
Besos: Sí, los da. Con lengua, sin escatimar. En el momento caliente se entregaba.
Fuma: No lo noté.
Francés: Buena mamada. Sabe lo que hace, con ganas, sin prisa. De las que disfrutan chupando.
Forniqueo: Se mueve muy bien. Encima va a su ritmo y lo hace genial. Además tiene el coño pequeño, aprieta bastante, se nota nada más entrar.
Griego: No pregunté.
Lo mejor: La relación calidad-precio. Por 100 euros una hora con una cubana que está buena, te atiende bien y además tiene un coño que es una lima nueva. El francés también muy destacable.
Lo peor: Las instalaciones son justitas, el colchón en el suelo no es lo más cómodo del mundo. Pero por el precio no se puede pedir más.
¿Repetir?: Sí, sin duda. Si sigue activa en Madrid, repetiré.
¿Recomendable?: Totalmente. Si te gustan las latinas de buen cuerpo, trato cercano y precio justo, no lo dudes.
Valoración global de la experiencia: 8.5/10
Llegué sobre las siete de la tarde. El edificio es normal, con portero que no pregunta nada. Subí, llamé y me abrió ella. Iba con lencería, un poco cansada de los ojos pero con una sonrisa que te desarma. Me dijo que pasara, que había llegado hacía nada de una fiesta y que no había dormido casi, pero que conmigo iba a dar lo mejor de ella. Y la verdad, cumplió.
Pagué la hora y me dijo que me duchara rápido mientras ella preparaba algo. La ducha es pequeña, justita, pero para una lavada rápida vale. Salí, me senté en el colchón del suelo (eso sí, con sábanas limpias) y ella se acercó. Empezamos a besarnos, con lengua, con ganas. Le bajé la lencería y aparecieron esas tetas grandes y naturales, una maravilla. Le estuve un rato jugando con los pezones mientras ella gemía bajito.
Se puso de rodillas delante de mí, yo sentado en el colchón, y empezó a hacerlo. Buena mamada, de las que empiezan suave y van cogiendo ritmo. Me miraba de vez en cuando, sonreía, se metía toda la polla hasta el fondo. Estuvimos un buen rato así hasta que la tumbé en el colchón y le bajé las bragas. Me puse a comerle el coño y se movía como una posesa, agarrando mis pelos, diciéndome cosas al oído. Se notaba que estaba sensible.
Me puse el preservativo y entré. Madre mía, lo que aprieta esa mujer. Parece mentira, pero cuesta meterla. Una vez dentro, eso es una gozada. Empezamos a follar en varias posturas: ella encima moviendo las caderas a lo loco, yo arriba dándole fuerte, y a cuatro patas con vistas a ese culo redondo. Aguantó bien los empujones a pesar de lo estrechito.
Terminamos agotados. Me dijo que si quería un segundo asalto, que todavía quedaba tiempo. Obviamente dije que sí. Me volvió a hacer otra mamada, esta vez más tranquila, más de despedida, y acabé en su boca. Me dijo entre risas que no le fascinaba, pero que conmigo no le importó.
Me duché rápido, me despedí con un beso y salí a la calle con una sonrisa de oreja a oreja. Para repetir sin duda.
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