Algunas novedades me encontré en la última visita a Yenifer.
La primera: el tono rojizo de su pelo. La segunda y más importante: su cambio de ubicación a la calle Ambros. Cerca del metro O’donell. Un bajo con varias habitaciones. Por lo que me comentó se mudó este verano. Se nota todavía el desorden típico de una mudanza y la habitación, con baño incluido, es algo más pequeña que la del otro piso. Pero sin mayor problema. Más que suficiente para nuestras necesidades.
Me abre la puerta con un vestido chillón muy ajustado, que apenas sujeta sus curvas. Para recordar de las curvas de las que hablamos, adjunto link:
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Conversamos un poco sobre temas varios (la mudanza, el verano) y yo estoy en un estado de nerviosa relajación. Tranquilo, pero cada vez con más ganas de sexo con Yenifer. Sus besos son sabrosos, profundos. Y mi erección notable. Se disculpa un segundo y me dice que tiene que contestar un mensaje telefónico. Mientras ella termina la conversación por guasap, me entretengo acariciando su cuerpo y metiéndola mano. No lleva ropa interior. Mientras la acaricio, abre un poco más las piernas. El cruce de mensajes telefónicos se alarga y comienzo a comerle el coño. Acomoda un poco la posición y seguimos cada uno a lo nuestro, hasta que la oigo gemir y veo como aparta el teléfono. Es disfrutona y mueve la cadera dirigiéndome la lengua. Al rato, se gira y me ofrece el culo. Pedazo de culo, por cierto. Teclea de nuevo, lo que serán los últimos mensajes. Mientras me la como, ella se masturba un par de veces. Tengo el impulso de ponerme un condón y follarla de seguido. Pero prefiero no adelantar acontecimientos.
Me hace un francés salivado y hasta el fondo. La única pega: se me hace un poco corto. Por lo demás, es excelente. También aprovecho para acariciar y mojar su coño. Las cabalgadas de Yenifer son de las que me provocan una corrida en nada y menos. Nos dejamos llevar un rato en esa posición. Me come la boca, le estrujo el culo, la clavamos un poco más, me dice un par de guarradas. A cuatro estamos también un buen rato. Lo mueve como en un baile caribeño, ahora más lento, después más fuerte. Su vestido se ha reducido a una especie de cinturón, así que lo cojo y me ayudo de él. Veo su cara aplastada en la cama y su boca entreabierta.
Noto que, llegados a este punto, si seguimos un poco más me voy a pasar de frenada y correrme va a ser complicado. Mejor terminar un poco antes. Me levanto, Yenifer acerca su boca a mi polla, me dice otro par de guarradas, me la chupa un poco y… corridón en sus tetas.
Nos relajamos un poco tumbados, charlando surgen un par de ideas para futuras folladas y es hora de marcharse.
Otra satisfactoria visita a Yenifer, algo a destacar y valorar, más viendo cómo está el percal. Tenemos una cerveza pendiente, así que tendremos que volver… ;)
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“A mí también me gustaba joder, pero para mí no era una religión. Había en ello demasiadas cosas ridículas y trágicas. La gente parecía no saber cómo controlarlo. Así que lo convertían en un juguete. En un juguete que acababa destruyéndoles”
(Charles Bukowski)
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