Érase una vez una lumi que vivía en una casa de muñecas…
-Papa ¿que es una lumi?
-Ya te lo explicare cuando seas mayor y ganes tu primer sueldo.
-Mmm bueno, sigue con el cuento.
-Esta Lumi vivía en lo alto de una casa de muñecas. Era muy difícil llegar a su habitación. Para empezar la casa estaba en un sitio inhóspito, lleno de gente enloquecida. Aquel sitio horrible se llamaba plaza mayor, estaba en la villa y corte de Madrid. No podias dejar tu caballo en cualquier sitio, los malvados guardias de la villa te asaltaban sin piedad. Y si te resistias llamaban a un ser mitológico llamado grúa y te robaban tu montura.
No obstante había un método de llegar, a través de los túneles bajo la tierra se movía una maquina prodigiosa. Aunque también tenía sus riesgos, hordas de infrahumanos armados con smartphones te atronaban con un ruido infernal que ellos llamaban reggaetón.
Si lograbas llegar a la puerta de la casa aun tenias por delante una escalada de varios pisos con gran riesgo de caer y romperte la crisma. Al llegar a la habitación te recibía un animal infernal, conocido en los bajos fondos como un chihuahua. Si aun asi lograbas sobrevivir llegabas por fin a conocer a la lumi.
Ella se llamaba Nuria y era de la legendaria tierra de la ruta del bakalao y la horchata.
Una bella moza, de cabello rubio oscuro, largo y ondulado. Una faz ruda pero agradable como de mujer agreste. Y las carnes, ahí madre que carnes!, la moza estaba pero bien jamona. Yo no la quitaría ni un solo kilo pero ahí caballeros mas remilgados que tal vez la encontrasen algo excesiva. No era mi caso como ya he dicho.
Después de recuperar un poco el resuello me lance a devorar aquellos labios. La dama no se andaba con remilgos, rediós que nuestras lenguas tuvieron tiempo para encontrarse.
Al cabo del rato se quitó el sayo y pude recrearme en aquel cuerpo. Deguste todo aquel cuerpo divino como si fuese la misma manzana de Adán, que Dios me perdone!. Después de superar tantos peligros ya no está uno para miramientos.
A fe que ella también degusto mi falo con deleite, tenía cierta soltura esta moza.
Y harto de comer decidí pasar al fornicio. Me tuve que tapar mi verga con un condón. Temeroso de ciertas enfermedades que, como un castigo divino, diezman a la gente lujuriosa. Aun a pesar de las dificultades para llegar a esta bella lumi bien sabía yo de lo aguerridos que eran los caballeros de este reino. Y que más de uno y de dos habían ya catado estos manjares.
Fornicar era algo tremendo, no se de donde saque fuerzas pero estuve un buen rato empujando y sacando mi verga sin parar. Probamos varias posturas, una en la que dicen que fornican los misioneros con las indígenas del nuevo mundo. Poniendose ellos encima para “convencerlas” apropiadamente. Luego la del perrito que me hice acordarme de la bestia que guardaba la morada. Y por fin se puso encima ella y ya no pude más descarguela todo mi amor dentro.
-Que bonito papa!!, algún día yo seré un valiente caballero como tu!!
-Claro que si hijo mío algún día te enfrentaras al peligro y llegaras al lecho de una bella lumi.