La tenía en la lista desde hace bastante, pero vivo fuera de Madrid capital y me costó acordar con ella una visita. A la hora acordada la tenía en casa, vino vestida normal, sin llamar la atención, sin tacones, con unos vaqueros ajustados y una chaqueta, como una chica normal de su edad. Me encontré con una chica guapa y en apariencia algo cortadilla, casi me hizo dudar de si era ella al abrirle la puerta. En cualquier caso, 10 minutos después ella tenía mis 100 euros dentro de su bolso y mi polla dentro de su boca.
Entre medias, nos habíamos besado, calentado en un abrir y cerrar de ojos, quitado la ropa y dado una ducha rápida en la que el roce de mi polla sobre sus nalgas y de sus pezones en mis manos me habían puesto duro como una piedra.
Por supuesto, me corrí enseguida, casi todo en su boca rezumando sobre sus pechos y haciendo que, a pesar de la corrida, no se me bajara ni un segundo. Se lavó, volvió del baño y me encontró de nuevo dispuesto para la faena. Esta vez fue mi turno de comerle ese coño delicioso, empapado en jugos. Me llené la boca de ella y a juzgar por sus movimientos conseguí que se corriese por la faena. Sin dejar que se recuperase me puse el gorro y a faenar, yo de rodillas con ella tumbada, las piernas abiertas y flexionadas y mis manos sobre sus rodillas. Fue fantástico verla como disfrutaba.
Al cabo de unos minutos pasé abajo, al fin y al cabo la de 19 años es ella y la postura en que me la estaba follando es super explícita pero exigente físicamente, así que fue su turno de cabalgarme, sin mucha técnica pero disfrutando de la penetración y buscando mis besos de tanto en cuanto, siempre jugosos y con lengua. Me corrí con su boca en la mía, abrazándola, muy intenso y casi íntimo.
El poco tiempo que quedaba lo dedicamos a algo de conversación ligera mientras ella se aseaba y se vestía para seguir con lo suyo.
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